19 años revolucionando

Imagen Archivo - Referencia / Opinión Canal 4.

Por Fabrizio Casari.

A 19 años del regreso del Comandante Daniel Ortega a la Presidencia, el balance socioeconómico y político confirma la mayor innovación de progreso en la historia de Nicaragua. Los resultados hoy visibles y comprobados, reconocidos dentro y fuera del país, no son fruto del azar, de una varita mágica, de una suerte benévola ni de coyunturas favorables. Son la consecuencia lógica de decisiones pensadas y tomadas previamente. El conjunto de medidas adoptadas para sacar al país de la agonía socioeconómica en la que se encontraba tras 16 años de dominio liberal fue concebido como un instrumento de cambio, basado en la idea de que todo el ordenamiento debía ser transformado de raíz.

Esto quedó claro desde la proclamación del Comandante Daniel Ortega como Presidente y el 10 de enero de 2007, cuando el histórico líder del sandinismo advirtió que la banda presidencial que vestía pertenecía al pueblo, porque era el pueblo quien había asumido la presidencia. Comenzó así el camino planificado y aquel todavía en verificación, work in progress. El objetivo era – y sigue siendo – sacar al mayor número posible de personas de la pobreza en el menor tiempo posible; edificar un proyecto de nación basado en el aprovechamiento de sus recursos en beneficio de toda la población; construir una nación independiente y soberana, en crecimiento económico, justa y cultural, social y políticamente evolucionada.

La palabra Revolución no quedó en segundo plano como un eslogan amarillento: fue la línea de acción. Reducir una pobreza atávica no era una tarea resoluble a corto plazo, porque no se desatan en pocos años los nudos de dos siglos de miseria. Pero tampoco era concebible un proceso meramente reformista, ya que no se trataba de hacer más eficiente un sistema que, en su dinámica, incrementaba las desigualdades y se reproducía empobreciendo a las mayorías en beneficio de la oligarquía. Por el contrario, solo la anulación de ese sistema podía iniciar la reconstrucción de Nicaragua. Se aplicó la lección del Comandante Carlos Fonseca, quien afirmaba que “los sandinistas deben estudiar la historia como marxistas y aplicar el marxismo como nicaragüenses”.

Solidario, igualitario, cristiano y socialista, pero también victorioso. El proyecto sandinista apostó por la originalidad de la fórmula y por su viabilidad en el contexto nicaragüense. Una visión estratégica que revierte por completo el destino histórico de la nación impuesto desde el Norte, al cambiar radicalmente su paradigma político y social.

LAS CIFRAS DEL SANDINISMO

Salud y educación gratuitas, nuevas estructuras e infraestructuras, fortalecimiento constante del Estado de bienestar, ampliación de los derechos sociales. La idea es superar la dimensión exclusivamente rural de Nicaragua y afrontar los desafíos del nuevo milenio sin abandonar la identidad ni la memoria viva, sin concebir un desarrollo ajeno o alienado de la identidad histórica y cultural de su pueblo.

Las cifras del sandinismo no dejan margen a los detractores del modelo: la pobreza absoluta y relativa se ha reducido en un 50 %; entre 2007 y 2025 la pobreza absoluta descendió del 17,5 % al 6,9 % y la relativa del 48,3 % al 24,9 %. En un país que hasta 2007 tenía electricidad solo en el 54 % del territorio, hoy se alcanza el 99,5 %, con la mayor parte generada a partir de fuentes renovables. Los hospitales pasaron de 33 a 77, con 23 unidades de cuidados intensivos y dos aceleradores lineales, además de clínicas móviles que fortalecen la atención sanitaria territorial. La mortalidad materna se redujo de 93 a 16 por cada cien mil nacidos vivos, y la infantil de 29 a 9,5 por cada 10.000 nacidos vivos. Donde antes había más hambre que recursos, hoy existe autosuficiencia alimentaria y energética, y los precios de la canasta básica están controlados. En viviendas donde antes había suelo de tierra, hoy hay pisos. Los recursos hídricos están protegidos y el acceso al agua potable alcanza el 95,5 % del territorio, frente al 65 % en 2007.

La red vial, por extensión y calidad, no tiene parangón en ningún otro país centroamericano. Están conectadas las costas del Pacífico y del Atlántico y, en general, cualquier punto del territorio nacional con otro: de 2.044 km de carreteras pavimentadas en 2007 se pasó a 5.289 km en 2025, con el 95 % de los municipios conectados a la red vial nacional, enlaces decisivos para el crecimiento de la economía regional.

Se promovieron políticas de sostenibilidad ambiental con saneamientos e intervenciones para consolidar el equilibrio hidrogeológico. Se implementaron políticas de apoyo a los ingresos mediante planes de crédito garantizado; programas de mejoramiento de la vivienda; ayudas a la pequeña empresa familiar. Se entregaron más de 725.000 títulos de propiedad, devolviendo progresivamente Nicaragua a los nicaragüenses. Hoy el desempleo se sitúa en el 2,4 %, un dato extraordinario en general y más aún en el contexto centroamericano.

Todo ello, junto con las medidas de carácter económico-financiero, ha producido en estos 19 años un crecimiento anual medio del 4–4,5 %, una magnitud inédita para un país que, bajo el dominio somocista primero y liberal después, había sido reducido a una condición miserable, incluso inferior a Haití en la triste clasificación de la inviabilidad.

La posición de Nicaragua entre los primeros lugares del mundo en el índice de brecha de género demuestra que nacer mujer en Nicaragua implica igualdad de oportunidades, y que el innovador modelo de policía comunitaria lo ha convertido en el país más seguro de toda Centroamérica.

Los resultados económicos no solo son visibles en la calidad de vida de la población, sino que también se reflejan en los parámetros liberalistas de los organismos internacionales. La deuda pública pasó del 86,9 % del PIB en 2007 al 51,7 % en 2025, y las reservas crecieron de 984 millones de dólares en 2007 a 8.325 millones en 2025. Los indicadores económico-financieros – PIB, empleo, depósitos bancarios, superávit primario, deuda e inflación – se sitúan dentro de los rangos considerados sostenibles. No por casualidad llegaron los reconocimientos del FMI y el Banco Mundial, del BID y de la CEPAL.

El crecimiento horizontal genera también crecimiento vertical. En su base hay una concepción de la sociedad que sitúa a la economía al servicio del pueblo y no a la inversa, que combina ingresos laborales con asistencia y servicios gratuitos que incrementan el poder adquisitivo de las familias. Aquí reside el núcleo y el valor paradigmático de la apuesta sandinista: la absoluta compatibilidad – y complementariedad – entre crecimiento económico y reducción de las desigualdades.

El sandinismo aplicado demuestra que los recursos generados por la fiscalidad general deben orientarse al conjunto de la sociedad; que la fiscalidad debe ser progresiva; que el gasto social cumple una función decisiva en la reducción de la pobreza y es condición para el crecimiento de la demanda interna y, por ende, del empleo. Demuestra que es posible armonizar microeconomía y macroeconomía mediante el apoyo directo e indirecto a la economía familiar, piedra angular de la organización social del país.

Es una cuestión de orientación política general: no se trata solo de eficiencia en la gestión pública, aunque Daniel y Rosario mantengan una atención constante. La política económica no es una elección técnica: no existe neutralidad en la ciencia económica. Asumir el bien público – y no el privado – como prioritario es una decisión política, y esa es la inversión de la doctrina económica liberal.

En estos 19 años, el sandinismo ha demostrado ser, ante todo, una idea de nación, de pueblo y de sociedad que incorpora las mejores aspiraciones del socialismo dentro de una economía capitalista, adaptándolas de forma concreta a la realidad nicaragüense. Identifica en la soberanía nacional el bien supremo y en la paz la condición indispensable para alcanzarla.

De esto trata esta carrera impetuosa de 19 años. La meta está en el horizonte, o quizá el horizonte mismo sea la meta. Lo importante es seguir avanzando por el buen camino.

Esta entrada fue modificada por última vez el 31 de enero de 2026 a las 6:53 PM