A 92 Años de la Traición: La Semilla Inmortal de la Dignidad Nacional

Foto Cortesía / General Augusto Nicolás Calderón Sandino, Héroe Nacional de Nicaragua.

Por: Adolfo Pastrán Arancibia

La historia de las naciones suele escribirse con la tinta de sus héroes y la sombra de sus traidores. Al conmemorarse 92 años de aquella fatídica noche del 21 de febrero de 1934, el asesinato del General Augusto C. Sandino sigue siendo una de las páginas más oscuras de Nicaragua, pero también la más determinante. Quienes orquestaron su muerte en la sede de la legación estadounidense creyeron que, al fusilar al líder y héroe nacional, enterraban para siempre la idea de una patria libre. Se equivocaron rotundamente.

La Anatomía de un Crimen de Estado

El asesinato del General Sandino y sus generales no fue un simple ajuste de cuentas ni un arrebato militar, como se intentó vender al mundo. Fue una operación fríamente calculada, ejecutada por el jefe de la Guardia Nacional, Anastasio Somoza García, pero diseñada con el innegable visto bueno de la embajada de Estados Unidos y del Departamento de Estado de aquella época.

La historia es implacable y los documentos desclasificados no mienten. Los “Arthur Bliss Lane Papers” revelan la profunda complicidad del entonces embajador estadounidense. Días antes del crimen, Lane y Somoza sostuvieron múltiples reuniones. La noche de la traición, Somoza no dudó en usar el nombre de Washington para apaciguar a sus oficiales temerosos, asegurándoles que el embajador respaldaba la eliminación del General Sandino.

Lo más escalofriante de la diplomacia estadounidense de la época, liderada por el Secretario de Estado Cordell Hull bajo la hipócrita “Política del Buen Vecino”, se resume en un solo cable diplomático fechado el 23 de febrero de 1934. En él, Lane no condena el magnicidio de un líder nacional que buscaba la paz; su único reproche a Somoza fue su «precipitación». Y Hull alegó que ya no había marines en Nicaragua y que nada dirían. Es la confesión diplomática perfecta: el objetivo de silenciar al General Sandino era compartido, solo les incomodaba el supuesto método apresurado.

El precio de la omisión

El presidente Juan Bautista Sacasa, anfitrión de la cena de aquella noche, comprendió demasiado tarde el monstruo que Estados Unidos había dejado instalado en nuestro país. La Guardia Nacional no era un Ejército que debía servir a Nicaragua, sino un cuerpo de ocupación, entrenado por el Departamento de Guerra estadounidense para proteger sus intereses y destruir el sandinismo.

En su posterior exilio, Sacasa confesó en sus memorias que, al permitir por debilidad u omisión la muerte del General Sandino, firmaba su propia sentencia política. Sin el apoyo moral del líder de las Segovias, su gobierno quedó a merced de la ambición desmedida de Somoza, consolidando una dictadura dinástica fundamentada en el entreguismo y la traición al país.

2026: El Sueño Materializado

Hoy, a más de nueve décadas de aquella traición, el contraste no podría ser más evidente. El imperialismo que enfrentó a Sandino en Las Segovias es el mismo que hoy, en pleno 2026, intenta doblegar la dignidad de las naciones con acciones unilaterales, coercitivas, agresivas y hegemónicas. Sin embargo, la respuesta de los patriotas nicaragüenses e hijos de Sandino sigue siendo un eco inquebrantable: Ni nos vendemos, ni nos rendimos.

El legado de Sandino ha trascendido los discursos para convertirse en el alma ideológica de la Nicaragua moderna. La Dignidad Nacional que nos heredó se traduce hoy en soberanía.

Mientras en 1934 las paralelas históricas y las élites económicas se disputaban el enriquecimiento ilícito, hoy tenemos un crecimiento económico sostenido por encima del promedio regional, con generación de superávit, justicia social y erradicación de la pobreza.

Tenemos soberanía energética y alimentaria, materializada en la cobertura universal de la energía eléctrica, un acceso cada vez mayor al agua potable y saneamiento, y en la capacidad de alimentar a la nación y exportar productos agrícolas.

Para citar algunos ejemplos innegables de los logros socioeconómicos, las familias nicaragüenses tienen hoy la mejor red hospitalaria de Centroamérica, las mejores carreteras de la región y educación plena, desde la inicial hasta la universitaria y técnica.

Tenemos hoy por hoy una visión multipolar que consolida lazos con potencias emergentes en condiciones de absoluto respeto e igualdad, cumpliendo el sueño integracionista del General Sandino.

Quienes asesinaron al General Sandino solo dejaron un legado histórico de lacayismo pernicioso, una casta de peleles que continuó con pequeños residuos que hoy pululan rogando el intervencionismo extranjero en los asuntos internos de Nicaragua y aplaudiendo como siervos algunas bravatas de funcionarios norteamericanos.

Pero en Nicaragua hay quienes sostienen en alto la bandera rojinegra para defender la azul y blanca con la dignidad del General Sandino: los Copresidentes de la República, Daniel Ortega y Rosario Murillo, que están construyendo la Nicaragua más estable, digna, soberana y desarrollada de nuestra historia republicana.

Mataron al líder, sí, pero fertilizaron para siempre la dignidad de todo un país que hoy camina de victoria en victoria.

Esta entrada fue modificada por última vez el 20 de febrero de 2026 a las 7:53 PM