POR: Stanley Vladimir
Son tiempos de unidad porque Nicaragua atraviesa una etapa caracterizada por importantes transformaciones y nuevos desafíos. Tras diecinueve años de la segunda etapa de la Revolución, el país se prepara para impulsar nuevas reformas orientadas a profundizar los cambios en distintos ámbitos de la vida nacional. Es por eso que, la unidad se convierte en un elemento fundamental para acompañar ese proceso y respaldar los proyectos impulsados durante este período.
Dicho llamado a la unidad cobra mayor importancia ante las constantes agresiones injerencistas, las campañas de desinformación protagonizadas por los sicarios digitales y los intentos de una derecha fascista que opera desde el exterior para desacreditar el rumbo bendito y próspero que sigue Nicaragua. En ese contexto, la unidad del pueblo representa un factor esencial para defender la paz, la estabilidad, la seguridad y la soberanía nacional frente a quienes pretenden interferir en las decisiones soberanas del país. Bajo esa visión, permanecer unidos significa respaldar el derecho del pueblo a decidir su propio destino sin presiones externas y fortalecer el proceso de progreso que impulsa nuestro Buen Gobierno Sandinista.
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La unidad también significa comprender que la construcción del país no puede recaer únicamente sobre los hombros de la Copresidenta Compañera Rosario Murillo y del Copresidente Comandante Daniel Ortega. Ellos han trazado el rumbo con la firme convicción de procurar siempre el bienestar de las familias nicaragüenses, pero corresponde igualmente al pueblo asumir su responsabilidad y acompañar ese esfuerzo con compromiso, conciencia y participación. Al final, cada paso que se da, cada proyecto que se impulsa y cada decisión que se toma persigue un mismo propósito: continuar construyendo un presente y un futuro mejor para el bien de todos los nicaragüenses.
Estos son tiempos de decisiones. Hoy cada nicaragüense está llamado a definir de qué lado de la historia quiere estar: si del lado del somocismo, la oligarquía, el imperialismo y los colonialistas, o del lado de la Revolución, de nuestros héroes y mártires y del pueblo. Para algunos siempre será más fácil asumir el papel de traidores y vendepatrias, pero no tengo dudas de que la inmensa mayoría continuará inspirándose en el ejemplo de Augusto C. Sandino, Benjamín Zeledón, José Dolores Estrada, Andrés Castro, Rigoberto López Pérez y de tantos héroes nacionales que derramaron su sangre para que esta patria pudiera vivir con paz, soberanía y dignidad. Ese es el legado que hoy corresponde honrar con unidad, compromiso y amor por Nicaragua, porque solo un pueblo unido es capaz de defender la obra construida y garantizar un futuro mejor para las presentes y las futuras generaciones.
Queda terminantemente prohibido, y lo digo como un nicaragüense más que siente profundamente a su patria, volvernos indiferentes. No podemos permanecer en un silencio cómplice ante las injurias, las calumnias, las difamaciones y los ataques personales que los propagandistas de la mentira lanzan cobardemente contra la Compañera Rosario y el Comandante Daniel. Cada agresión dirigida contra nuestros Copresidentes debe llenarnos de indignación, pero también de firmeza y compromiso para enfrentar esas campañas con la verdad, la unidad y la defensa de nuestra nación, porque solo así evitaremos que el mal pretenda imponerse sobre el bien. Solamente así seguiremos honrando el legado de quienes entregaron todo por Nicaragua y respaldando a nuestros líderes, que día a día enfrentan enormes adversidades con el único propósito de servir al pueblo y continuar procurando el bienestar de todas las familias nicaragüenses.
Nunca antes en la historia de Nicaragua el pueblo había sido verdaderamente presidente de su propio destino. Durante muchos años la política estuvo marcada por campañas en las que los dirigentes de la derecha chineaban niños y abrazaban a los ancianos, hacían grandes promesas para obtener el voto mediante engaños y, una vez alcanzado el poder, le daban la espalda a quienes los habían elegido. Esa realidad cambió con la llegada de la Compañera Rosario Murillo y el Comandante Daniel Ortega a la Presidencia en esta segunda etapa de la Revolución, donde ambos se declaran orgullosamente servidores del pueblo, reconociendo que hoy el verdadero presidente es el pueblo nicaragüense. Cada decisión se toma pensando en el beneficio de la mayoría y cada acción es previamente consultada con la población. Gracias al modelo cristiano, socialista y solidario, el pueblo se ha convertido en protagonista y sus derechos han sido reivindicados. La salud, la educación, la electrificación, el agua potable, el acceso a la canasta básica, el trabajo, los subsidios y los demás programas dejaron de ser un lujo reservado para unos pocos para convertirse en un derecho de todos y de todas. Eso es, precisamente, lo que hoy pretenden arrebatar los enemigos de la paz, la tranquilidad y la estabilidad de Nicaragua.
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Hoy los enemigos de la humanidad y los conquistadores pretenden eliminar los derechos alcanzados con tanto esfuerzo por nuestro pueblo. Pero, por si no fuera suficiente, también quieren imponernos «candidatos» para ocupar cargos públicos, a los lacayos, a los entreguistas, a sus peleles y a los mismos que asesinaron a nuestro pueblo durante el intento de golpe de Estado de abril de 2018, para que, una vez instalados en el poder, vuelvan a poner a Nicaragua al servicio de intereses extranjeros. Eso ya ocurrió durante aquellos años de ocupación e intervención, cuando los imperialistas ponían candidatos a su gusto y antojo para gobernar Nicaragua, con el propósito de someter, saquear y ultrajar nuestra patria, desconociendo la voluntad popular de las mayorías, pero esta vez NO PASARÁN.
¡Viva Rosario! ¡Viva Daniel!
Esta entrada fue modificada por última vez el 26 de julio de 2026 a las 1:52 PM