ICE reprime protestas pacíficas en EE.UU

Imagen Cortesía / Portada de Revista Stalin Magazine.

Por Stalin Vladimir Centeno

Las protestas contra el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas no estallaron de la nada ni comenzaron en enero, ya venían acumulándose desde meses atrás, a medida que comunidades enteras denunciaban redadas agresivas, detenciones arbitrarias y la entrada de agentes federales a vecindarios residenciales sin orden judicial. Desde el inicio de este mes de enero, esa indignación acumulada se transformó en movilizaciones pacíficas, con concentraciones multitudinarias, marchas en diferentes estados de Estados Unidos. Por su parte, la temible agencia de ICE desplegó personal federal que se cuenta en miles y miles de agentes en Minnesota y otras ciudades, en plena antesala de las elecciones de medio término de 2026.

Este fin de semana, mientras el comercio bajaba la cortina metálica y colocaba su clásico anuncio de “closed”, las universidades suspendían sus clases y los sindicatos llamaban a un apagón económico, las calles de Minnesota se llenaron incluso bajo temperaturas extremas, con manifestantes avanzando sobre la nieve y el hielo.

Las concentraciones se multiplicaron en distintos puntos del estado en medio del despliegue federal y de las redadas migratorias, en un ambiente de denuncias condenando los abusos, las detenciones ilegales y las separaciones de familias, en diferentes estados de Estados Unidos.

En ese imperio, donde la represión frente a la protesta social se ha vuelto una constante, la respuesta no tardó en aparecer y los manifestantes fueron dispersados, golpeados, empujados y apresados mediante el uso de bombas lacrimógenas y dispositivos antidisturbios. La idea de protestas “controladas” Mientras se desarrollaban las protestas pacíficas, ICE volvió a llenarse de sangre las manos cuando sus agentes asesinaron a Alex Jeffrey Pretti, ciudadano norteamericano de 37 años, enfermero de profesión, que no los estaba confrontando y que solo se encontraba grabando con su teléfono celular lo que ocurría a su alrededor. Pretti se mantenía en actitud pacífica y no representaba amenaza alguna cuando recibió varios disparos en su humanidad que le quitaron la vida.

Días antes, otro hecho ya había estremecido a la ciudad de Minneapolis. Renee Nicole Good, ciudadana estadounidense de 37 años, madre de tres hijos, poeta y trabajadora del hogar, fue asesinada dentro de su camioneta durante un operativo federal. La mujer se encontraba en el interior del vehículo cuando agentes se aproximaron y abrieron fuego, disparando en repetidas ocasiones hasta quitarle la vida, sin que se encontrara participando en ninguna protesta ni confrontando a los agentes.

Estados como Minnesota y ciudades como Nueva York, Filadelfia, Washington, D.C., Chicago, San Diego y Boston registraron marchas con pancartas y consignas contra ICE. En aeropuertos y sedes federales, se repitió el llamado a frenar las redadas y retirar a los agentes de zonas residenciales.

El conflicto se agravó todavía más cuando se conoció una nueva orden, agentes de inmigración pueden entrar a las casas sin una orden judicial, amparados en simples disposiciones administrativas. Para miles de familias migrantes y también para ciudadanos estadounidenses esto significó perder la tranquilidad dentro de su propia casa.

Mientras tanto, el impacto político comenzó a hacerse evidente, las imágenes de calles militarizadas, personas detenidas por error y otras por protestar pacíficamente, sumado a ciudadanos norteamericanos asesinados por policías criminales, en medio de esos violentos operativos. Todo esto vino a golpear de frente la campaña, a las elecciones de medio término. Autoridades locales se enfrentaron públicamente al gobierno federal, cuestionando la legalidad, la proporcionalidad y el costo humano de la estrategia, digámoslo con todas sus letras, el tema migratorio ya no es solo una promesa electoral, hoy por hoy se ha convertido en un problema de gobernabilidad.

El pueblo norteamericano, harto de presenciar la violencia recurrente y las constantes violaciones a los derechos humanos contra la población migrante, decidió respaldar a las familias afectadas. Las comunidades respondieron organizándose. Redes vecinales, iglesias, sindicatos y grupos de estudiantes crearon sistemas de alerta, asistencia legal y acompañamiento a familias golpeadas por los operativos, es por eso que en sectores residenciales completos se establecieron turnos de vigilancia voluntaria para poder documentar los procedimientos, y frenar así esos abusos migratorios.

Estados Unidos enfrenta hoy el espejo de su propia contradicción, mientras se proclama defensor de libertades y derechos humanos, ejecuta una política migratoria que criminaliza la pobreza, normaliza la violencia institucional y deja un rastro de abusos, muertes y familias destrozadas. Hoy, el presidente de turno, el inquilino de la Casa Blanca, ha pasado por encima de la Primera Enmienda de la Constitución, aquella que garantiza la libertad de expresión, la libertad de prensa, la libertad de religión, el derecho a la reunión pacífica, el derecho a protestar y a pedir al gobierno la reparación de agravios, derechos que en la práctica han sido ignorados y reprimidos.

Esta entrada fue modificada por última vez el 25 de enero de 2026 a las 2:07 PM