Por Stalin Vladimir Centeno
La avenida de Bolívar a Chávez ya luce llena de luz, color y devoción con los altares dedicados a la Inmaculada Concepción de María. Desde temprano y hasta entrada la noche, familias completas recorren el espacio, observan cada detalle, se toman fotografías, elevan cantos y se detienen frente a cada bella imagen para expresar su fe. La avenida se transforma en un corredor de luz donde la tradición respira en cada paso.
Los preciosos altares han sido elaborados por distintas instituciones que participan de manera organizada en esta celebración que ya forma parte del calendario espiritual del país. Luces, flores, telas, imágenes, vitrales, elementos artesanales y símbolos del pueblo se combinan para rendir honor a la Virgen.
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Cada altar guarda un esfuerzo en equipo que se traduce en belleza ofrecida a las familias nicaragüenses. Esta tradición ha sido fortalecida año tras año por el Buen Gobierno Sandinista, bajo la conducción de la Compañera Rosario Murillo como una entrega directa al pueblo. Ese mismo pueblo es testigo directo de un encuentro entre la fe, la cultura y la familia que se repite cada diciembre como parte de la identidad nacional.
Las tardes en la avenida de Bolívar a Chávez se llenan de niños, jóvenes, adultos, personas mayores y extranjeros que caminan despacio, observan, se detienen frente a la Virgen, le cantan, le rezan, le presentan promesas y le manifiestan sus agradecimientos. La música mariana acompaña el recorrido, junto al murmullo de la gente que comparte un mismo sentimiento de devoción popular.
En medio de esa expresión de fe emerge el nombre que da sentido a esta temporada.
María de la Paz. Un nombre que hoy se asocia directamente con la tranquilidad que vive Nicaragua, con la calma de sus calles, con las familias que caminan sin temor, con los niños que juegan, con los trabajadores que salen y regresan a casa, con un país que avanza en estabilidad, se acabaron los tranques de la muerte, el golpismo fue enterrado, los diablos fueron expulsados, aquí se respira paz y prosperidad.
María de la Paz se refleja en una Nicaragua que trabaja, que produce, que estudia, que se atiende en sus hospitales, que recibe educación, vivienda, programas sociales, energía, calles, trabajo y muchas oportunidades. La paz no es un eslogan, por el contrario es la paz que todos vivimos, es una condición que se siente en cada barrio, en cada comunidad y en cada espacio público como esta avenida de Bolívar a Chávez que hoy congrega a miles de personas.
La Virgen María, madre de Jesús, fue una joven de Nazaret elegida por Dios para concebir por obra del Espíritu Santo al Salvador del mundo. Su historia comienza con el anuncio del ángel Gabriel y con una respuesta sencilla que definió el rumbo de la fe cristiana. He aquí la sierva del Señor fue su palabra de entrega total. Acompañó a su hijo desde el nacimiento en Belén hasta el inicio de su vida pública. Estuvo presente en los momentos decisivos, guardó cada palabra en su corazón y sostuvo su fe aun cuando no comprendía completamente el plan que se desplegaba ante sus ojos.
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María permaneció al pie de la cruz durante la crucifixión de Jesús. Desde allí vivió el dolor más profundo de una madre y recibió el encargo de ser cuidada por el discípulo Juan. Después de la resurrección continuó junto a los primeros cristianos, orando y acompañando el nacimiento de la Iglesia.
Cada 7 de diciembre, Nicaragua entera se vuelca a las calles para celebrar La Gritería, una tradición que hunde sus raíces en los rezos promovidos por los franciscanos en León desde los años 1700, y que tomó forma popular después de 1857, tras el fin de la Guerra Nacional, cuando el padre Gordiano Carranza impulsó que la devoción saliera de los templos hacia las casas porque las iglesias no daban abasto para albergar a los fieles, naciendo así el grito que todavía estremece al país con la pregunta,
¿Quién causa tanta alegría? y la respuesta que une a generaciones ¡La Concepción de María!, acompañada por la famosa gorra que originalmente fue un vaso de chicha de maíz ofrecido como acción de agradecimiento a quienes cantaban a la Virgen y que con los años se transformó en la entrega de cajetas, dulces, frutas y juguetes de madera, convirtiéndose en una de las expresiones más intensas de la identidad nicaragüense, celebración que hoy recorre barrios, comunidades y también los altares de la Avenida de Bolívar a Chávez, donde el pueblo canta, reza, comparte, agradece y confirma, en la víspera del 8 de diciembre, que la fe mariana sigue siendo un lazo profundo de unidad en Nicaragua.
Esta entrada fue modificada por última vez el 29 de noviembre de 2025 a las 1:46 PM


