Nicaragua, la economía que conserva y cambia

por: Fabrizio Casari

Cada año, antes del 31 de diciembre, cada Estado aprueba su ley financiera (o ley de Presupuesto), que presenta las cuentas del ejercicio económico-financiero del país durante el año que está por terminar. Es, en esencia, el balance de gastos, que expresa el estado del Producto Interno Bruto y todos los demás parámetros económicos que reflejan la salud del país. Claro, se trata de contabilidad, por compleja que sea, y se podría pensar que los números expresan solo ingresos y egresos, un cálculo frío de gestión. Pero no es solo así, y sobre todo no es así en el caso de Nicaragua.

El crecimiento económico del país presenta ya una continuidad de casi dos décadas, excluyendo 2018 y 2019, cuando los más de 1.800 millones de dólares en daños provocados por el vandalismo nihilista de los golpistas, generaron un frenazo temporal, recuperado de inmediato en un lapso menor al inicialmente previsto. La Nicaragua sandinista continúa su crecimiento del PIB y, al mismo tiempo, a través de él se determina un crecimiento general del sistema-país, que se refleja directa e indirectamente en la salud de la economía familiar. En el marco más general de reducción de la pobreza en el subcontinente latinoamericano impulsado en volumen por los resultados de México y BrasilManagua destaca no solo por la magnitud de su crecimiento anual (alrededor del 3-4%), sino sobre todo por cómo éste se refleja en políticas inclusivas, asistencia social y en la oferta de derechos universales a la población. (Y si se piensa que 3 o 4% no es mucho, mejor mirar al complejo de los países de Occidente colectivo, que en algunos casos andan en recesión o con un crecimiento de 1,5 cuando mucho).

Debe tenerse en cuenta que la intervención del Estado en la provisión de derechos universales (salud, educación, pensiones, vivienda, transporte) representa un fuerte elemento de apoyo a la economía familiar, que se suma al salario y a otros eventuales ingresos, contribuyendo a formar el ingreso total del núcleo familiar. Porque la ausencia de costos en el ejercicio de estos derechos incide de manera positiva en la gestión económica de cada hogar.

Entre los diversos instrumentos para medir el pulso de una economía se encuentra el superávit fiscal. ¿Qué es el superávit? Es la diferencia positiva entre los ingresos y los gastos de un Estado (como también de una empresa o de un individuo). Es, naturalmente, un dato de gran importancia en el balance económico de un país, ya que certifica su estado de salud. Su magnitud puede provenir de la reducción de costos o del incremento de ingresos. El superávit también ofrece un escudo defensivo para emergencias y, al mismo tiempo, puede abrir la puerta a inversiones con retorno a corto o mediano plazo. Por último, pero no menos importante, disponer de superávit en el presupuesto estatal favorece la credibilidad financiera del país y facilita el acceso al crédito internacional, precisamente porque se reconoce la solvencia del Estado que lo posee.

En la mayoría de las economías capitalistas de orientación liberal, el superávit se busca mediante la compresión de los derechos sociales, lo que lleva a reducir los costos de asistencia, previsión e intervenciones de otro tipo. En resumen, a una reducción general del Estado de bienestar. Pero en Nicaragua la historia es distinta desde el 2007.

El crecimiento del superávit alcanza su cuarto año consecutivo, lo que indica una tendencia estructural. Esto reduce la dependencia de financiamiento externo y permite aumentar la disponibilidad de recursos para obras públicas. El superávit nicaragüense se ha logrado gracias al aumento de ingresos tributarios (sinónimo de una buena organización social y de un sistema eficaz de recaudación) y a un fuerte impulso exportador (con un crecimiento del 24%, resultado de un enorme esfuerzo y una gran eficiencia productiva). Gracias sobre todo a estos dos elementos, Nicaragua a través del crecimiento de la recaudación fiscal y del aumento significativo de las exportaciones ha podido obtener ingresos superiores a los gastos representados por el gasto público.

Hace dos días, la Asamblea Nacional aprobó la incorporación del superávit a los recursos previstos para la gestión 2026, algo que normalmente los países capitalistas no pueden permitirse debido al elevado endeudamiento, que debe refinanciarse ( yaumentar) cada año mediante la venta de Bonos del Tesoro a tasas cada vez más altas, lo que obliga al superávit a cumplir una función de contención del déficit estructural. Los resultados alcanzados en Nicaragua por el superávit primario y la posibilidad de ponerlo a disposición del ejercicio 2026 son un hecho político además de numérico.

Todo esto representa, por tanto, mucho más que un importantísimo resultado positivo de gestión. Expresa con la fuerza de los números la sostenibilidad de un proyecto económico y construye un nivel de credibilidad tanto en los mercados como internamente que tiene un enorme valor.

Los informes positivos del Fondo Monetario Internacional y de la misma CEPAL indican a la comunidad internacional y a los organismos financieros un excelente estado de salud de la economía nicaragüense. Es una muy buena noticia, sobre todo para los nicaragüenses, porque confirma el buen desempeño económico y permite al Estado mantener los financiamientos directos y los subsidios que componen el gasto social del próximo 2026.

Pero los números que permiten reivindicar con orgullo una buena gestión económica y social no tienen solo un valor técnico; son el producto de decisiones políticas propias de un país que ha elegido poner la economía al servicio de la política, y no al contrario. En este aspecto en la búsqueda permanente de compatibilidad positiva entre el respeto de los parámetros económicos y la lucha contra la pobreza y las desigualdadesreside el ADN del sandinismo.

Una estructura teórica que capta capitales y crea riqueza con una economía capitalista, pero la distribuye con una cultura socialista para sostener la guerra contra la pobreza extrema. Un sistema socioeconómico de naturaleza mixta o híbrido, como podría llamarse hoy en la era del lenguaje “verde” que integra doctrinas económicas opuestas y las adapta a la especificidad del país. Una lectura anti dogmática de los procesos, propia de una cultura revolucionaria. Ya lo anunciaba el Comandante Carlos Fonseca cuando decía: “Debemos estudiar la historia como marxistas y aplicar el marxismo como nicaragüenses”.

La política de desarrollo de Nicaragua sigue, desde 2007, un camino paralelo entre estabilidad económica y desarrollo, que se expresa a través de un conjunto de políticas de reequilibrio socioeconómico cuyo pilar principal son las políticas sociales. Los planes de desarrollo de estos 18 años de sandinismo —orientados en todo momento a promover la creación y fortalecimiento de la economía familiar (que forma el 70% del PIB, es decir, de la riqueza total del país) han ofrecido una lectura del crecimiento estructurada de forma horizontal y no vertical. Esto se ha hecho mediante una transferencia neta de recursos hacia la modernización de las infraestructuras: sistema eléctrico, red hídrica y de saneamiento, red vial como prioridad; así como hacia las estructuras sociales sistema sanitario, seguridad social, asistencia y educación, sobre todo apoyadas a su vez por programas específicos dirigidos a los sectores de la población que más lo necesitaban.

Sin pretender ser exhaustivos, no se puede dejar de considerar cómo este modelo económico, exitoso y de buenas perspectivas, es propio de un país que experimenta, actúa y transforma en profundidad la dimensión general y sistémica de Nicaragua. Mantener, mejorar, cambiar. Una concepción revolucionaria propia de un Estado que, salvaguardando su cultura y sus raíces, respetando las costumbres e incluso la idiosincrasia de su pueblo, va transformando a pasos agigantados lo que necesitaba ser transformado.

Desde 2007 asistimos al encuentro entre una cultura de conservación del hábitat sociocultural que naturalmente conserva y una modernización y política revolucionaria que, por naturaleza, cambia. Por lo tanto, se conserva mientras se cambia y se cambia mientras se conserva. ¿Y qué es esto, si no una Revolución?

Esta entrada fue modificada por última vez el 30 de noviembre de 2025 a las 4:18 PM