Camilo era sentimental,
lo razonaba todo, confiaba en el diálogo,
no era metafísico, era dialéctico.
Examinaba las contradicciones en su conjunto
lo que muere y lo que nace cada día
los cambios radicales de la naturaleza y de la historia;
juzgaba con los cánones de su época:
los que fueron buenos en el comunismo primitivo no lo
fueron en la esclavitud
los esclavistas no lo fueron en el feudalismo
los feudales no lo fueron en el capitalismo
los capitalistas no podrán ser nunca nuestros en el
socialismo que queremos;
porque ellos seguirán queriendo la propiedad privada y la
explotación
la sumisión de los campesinos a los terratenientes
de los obreros a los capitalistas.
Camilo se fue de la ciudad
porque la historia le enseñó que todo siempre ha cambiado
y que también nuestra vida va a cambiar;
quería ser revolucionario y no reformista,
no era un ideólogo sino un filósofo;
Camilo era un filósofo marxista
con un corazón lleno que compartía su riqueza.
Camilo era un romántico.
No era idealista.
Sabía que veníamos de la naturaleza,
confiaba en la ciencia:
en que todo nace y se sabe por las exigencias de la vida,
rechazaba la superstición y el miedo a lo desconocido,
aceptaba que nada era casual, nada preconcebido.
Explicaba la conexión entre los fenómenos de la naturaleza
y su interdependencia
que es la ley por la cual se rige su desarrollo
de esto deducía la conexión e interdependencia de los
fenómenos de la vida social
y nos aclaraba que también era esa la ley
por la cual se regía nuestro desarrollo, nuestro dolor,
nuestra esperanza.
En eso Camilo era un científico.
Nada de individualismos.
Compartía sus conocimientos, leía y nos leía:
«según sean las condiciones de existencia de la sociedad, las
condiciones en que se desenvuelve su vida material,
así son sus ideas, sus teorías e instituciones políticas», para
bien o para mal
pero el pueblo en su marcha siempre las renueva:
mata la raíz podrida y crece la verde;
y para esto nos citaba a Marx, siempre lo hacía con alegría:
«no es la conciencia del hombre la que determina al ser sino,
por el contrario, el ser social es el que determina su
conciencia».
También nos recitaba con gozo trozos de poemas y de
canciones sin pedantería, t.al y como lo deben hacer los muchachos
de su edad, de la mía,
que vemos las mismas películas
que compramos en el mismo mercado
que compartimos las mismas condiciones de vida material la
misma geografía, el mismo crecimiento demográfico. Nos
cantaba con igual sencillez que cuando decía:
«El capital es el patrón»
o nos relataba cómo había cambiado la historia, los modos
de vida,
por las demandas de las fuerzas productivas
y no por las ideas de algunos gobernantes;
o nos preguntaba: «¿En poder de quién están los medios
de producción:
la tierra, los bosques, las aguas, el subsuelo, las materias primas,
las herramientas y los edificios dedicados a la producción,
las vías y medios de comunicación?»
Camilo a mi entender se las sabía de todas, todas,
se las supo desde el principio, con su famila lo aprendió
(su padre quiso una vez pelear junto a Sandino)
que bajo el régimen del comunismo primitivo
la base de las relaciones de producción
fue la propiedad social sobre los medios de producción
que se comían los peces y los frutos en la tierra de todos
que eran hermanos y que no conocían la propiedad privada;
que bajo el régimen de la esclavitud
la base de las relaciones de producción
fue la propiedad del esclavista sobre los medios de
producción
y sobre los esclavos a los que ponían a arar la tierra
y a los que podían comprar, vender, y matar como ganado;
que bajo el régimen feudal
la base de las relaciones de producción
fue la propiedad del señor feudal sobre los medios de
producción
y su propiedad parcial sobre sus siervos los productores
a quienes ya no podía matar pero sí comprar o vender;
que bajo este régimen capitalista
la base de las relaciones de producción
es la propiedad capitalista sobre los medios de producción
que ya no nos pueden legalmente matar, ni vender o
comprar
pero que tenemos que trabajar en algo que no es nuestro
vender nuestra fuerza productiva, nuestra imaginación
creadora,
para ganarnos el sustento y el vestido.
Camilo sabía esto y lo sufrió en carne propia.
No fue irascible, guardaba su dolor meditándolo.
Era sensitivo,_poeta,
no se limitaba a ser rector moral de sus amigos,
se desaparecía para estudiar, para asestarle un golpe al
enemigo,
después, lo adivinábamos, reaparecía contento con la
satisfacción de haber cumplido,
con la certidumbre de que para algo.más estaba
destinado; por eso se fue, nos dejó, está con nosotros
mi bueno y transparente amigo Camilo.
Mayo de 1973
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