Por: Moisés Absalón Pastora.
Nadie duda de la fuerza militar imperial de Estados Unidos. Fundamentada en la arrogancia y la prepotencia es el perfil existencial más genocida que la humanidad ha conocido a través de todos los tiempos.
¿Pero a qué conduce la muestra de desprecio por la vida de los pueblos, en este caso la de Venezuela, que la madrugada de este 3 de enero de 2026, fue sobresaltado por el bombardeo genocida de la aviación yanqui?
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Para los que celebran y son parte de una suciedad, que ideológica y políticamente está muerta y presa de la repugnancia mundial que genera todo lo que venga de Washington, lo que deberían entender es que todos podemos saber el por qué del inicio de una guerra, pero no en cómo puede terminar si consideramos que Estados Unidos, desde la repugnante estampa de su aún presidente, Donald Trump, lo único exitoso que ha logrado es unir al mundo en su contra.
Quien actualmente ha hecho de la oficina Oval de la Casa Blanca el despacho dorado de quien se cree emperador del mundo es un convicto criminal, prófugo de la justicia del país que dirige, proxeneta abusador y violador de menores, un traficante de influencias que hace del poder el medio para multiplicar su fortuna haciendo más millonarios a sus socios a través de la evasión fiscal desde el tráfico de influencias, un mitómano mega narcisista que al final nos está haciendo un gran favor porque es su propia garra la que ha detonado la implosión de Estados Unidos donde seguramente la naturaleza de su propio nazismo, su industria militar, festeja la masacre que ejecutó saludando el inicio de este 2026 en Venezuela, pero olvidando en su euforia que esta historia ya hizo leer su prólogo, pero no su final.
La “Bestia Apocalíptica” que nos describe la Biblia no puede ser otro que Donald Trump y todo lo que representa. Creo que la humanidad encuentra en él al clon mejorado de Adolfo Hitler, algo que jamás pensamos pudiese ser superado y aunque desde su caracterizada ignorancia pueda llegar a creer que eso es una medalla en el traje de sus atrocidades, para el pueblo estadounidense no porque es el que más sufre el desprecio del mundo contra su país porque quien lo representa es un mafioso que destrozó los valores sobre los cuales se fundó esa nación el 4 de julio de 1776 teniendo por letra grande, constitutiva y evidente que todos los hombres nacemos iguales, que a todos nos confiere el Creador derechos inalienables como la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.
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Esta filosofía, que pudo desde su inicio ser un dogma de convivencia para el gobierno de la humanidad fue sometida a la tortura de quienes siempre la vieron en sus imperios de dominio como propaganda hacia el exterior y ahora pasa a ser de torturada a fusilada por quien está convencido que la igualdad, el derecho, la libertad y la felicidad es para él y los suyos y no para el pueblo estadounidense y menos para el mundo y eso es precisamente lo que implosiona tanto al imperio que hoy por hoy reacciona como fiera herida para que desde adentro se le vea como el matón valiente, que se planta ante los que no tienen su mismo poder y todo para aplacar y desviar de la atención pública interna su propia situación política que lo tiene al borde de la cárcel por la innumerable cantidad de delitos cometidos en nombre de la “democracia y la justicia”.
Como expresé el prólogo ya fue escrito ya lo leímos porque siempre es el comienzo, pero ahora viene el contenido real y las consecuencias que indudablemente tendrá que pagar el imperio maldito, mil veces maldito, que derramó la primera gota de sangre en Venezuela, que tocó las fibras íntimas de la resistencia de quienes nos fundaron como guerreros defensores de lo nuestro, de nuestras tierras, de nuestras formas de vivir en libertad y ahora esa lucha es más fuerte, legítima y poderosa, porque ante quien estamos luchando y en pie de guerra indudablemente es contra la prepotencia y soberbia desesperada que bombardeando la cuna amada de Bolívar pretende enviar un mensaje de fuerza ante un mundo que ya no es unipolar, que desprecia al dólar que va en caída libre, que ve en el presidente de Estados Unidos a un bufón e ignorante al que hay que atar y meterlo en un ataúd redondo para llevarlo a patadas rumbo al cementerio porque así es como debe ser tratado todo Ángel de la Muerte.
Hay gobiernos en nuestro propio hemisferio que saludan la masacre que el pueblo Venezolano sufrió este 3 de enero, pero eso es distinto de lo que los pueblos en sí piensen de lo que está sucediendo y el mundo deberá obligarse, a través de lo que puedan representar aun sus organismos, a rescatar el derecho internacional, no por simpatías hacia una persona, a un sistema o una idea, sino por la sobrevivencia de la humanidad misma, para que al menos volvamos al estatus quo del arranque del presente milenio, porque la lucha actualmente es por la sobrevivencia de la especie humana porque con todo el panorama bélico acelerado en el 2025 ya el mundo estaba en una crisis pavorosa, con lo que acaba de pasar en Venezuela, un ataque criminal y directo al oasis de paz que representaba Latinoamérica, tenga usted por seguro que ahora sí estamos a las puertas de la tercera guerra mundial.
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El derecho internacional planetariamente hablando, antes de tan cobarde y criminal ataque contra Venezuela, ya había sido aniquilado por Estados Unidos y su actual Nerón, pero es que ahora con esta ejecución genocida contra Caracas el mensaje que se quiere enviar es que el derecho internacional sea borrado como concepto político de respeto, de soberanía e independencia y que el hegemón pueda entrar como perro por su casa a invadir, intervenir, llevarse, robar, asaltar, piratear, secuestrar, apoderarse, confiscar y matar a quien quiera, sin que nadie le cuestione porque quien lo hace es Estados Unidos, claro el enemigo de la humanidad.
Venezuela, por supuesto no está sola, pero el tema no es exclusivamente lo que sucede en la gran patria de Bolívar, sino del mundo contra la amenaza a su propia existencia. El acobardado Donald Trump apresuradamente dice que ya no habrá más ataques contra Caracas, es lo de menos porque el daño ya lo hizo y sobre todo se lo hizo a sí mismo el Nerón de la Casa Blanca. Yo pienso en lo particular que si antes, por reservas prevalecientes en el debate de la convivencia se le permitieron al loco y convicto algunos excesos en sus repudiables amenazas contra todos y todo, eso ya cambió porque simplemente estamos ante una línea roja violada, penetrada y traspasada al extremo de lo permisivo y es hora de que los misiles de la libertad apunten al lugar correcto si es que antes el propio pueblo estadounidense no hace lo que por honor y decencia le corresponde luchar por su propia libertad, derrocar y fusilar al tirano que lo oprime y a partir de ahí cambiar por su propia existencia el maldito y corrompido sistema que lo consume.
Nicaragua en tanto está atenta al desarrollo de los acontecimientos no como espectadora sino como protagonista de sus propias transformaciones. Hemos sido visionarios de lo que siempre nos han representado las amenazas externas y las hemos denunciado y las seguiremos denunciando como pueblo, nación y gobierno que ha sentido en carne propia la uña carroñera del Águila Imperial hundida sobre las carnes de nuestra patria, de nuestra independencia, de nuestra soberanía y nuestra autodeterminación y lo hemos hecho porque conocemos nuestra historia y sabemos de dónde venimos y hacia dónde vamos.
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Nicaragua tiene un verbo moral no solo fortalecido por el poder de su verdad, sino que además admirado y respetado por naciones poderosas que nos acogen como un ejemplo de dignidad que no declina en su constancia de proclamar un mundo de paz donde todos tengamos el derecho de gozar y abrazar la vida con humanidad.
QUE DIOS BENDIGA A NICARAGUA
Esta entrada fue modificada por última vez el 3 de enero de 2026 a las 2:09 PM



