Solo el sandinismo no más

Foto Cortesía / Opinión.

Por Stalin Vladimir Centeno

Quién ha dado empleo a este pueblo,
Sólo el sandinismo no más.
Quién luchó contra la ignorancia,
Sólo el sandinismo no más.
Quién dio tierra a los campesinos,
Sólo el sandinismo no más.
Quién multiplicó la cosecha,
Sólo el sandinismo no más.
Quién no ha vendido a su patria,
Sólo el sandinismo no más.

Así cantó Pablo Martínez Téllez, que en paz descanse. La estrofa resume la experiencia vivida del pueblo nicaragüense, bajo décadas de dictadura, exclusión y sometimiento, y adelanta los ejes del proceso sandinista que transformó la estructura social, política y económica de Nicaragua.

No se puede hablar de sandinismo sin explicar que la dictadura somocista se inauguró formalmente en 1936 con la llegada al poder de Anastasio Somoza García, quien convirtió la presidencia en una extensión del cuartel y del negocio familiar, creando un sistema donde el Estado y la Guardia Nacional funcionaban como instrumentos privados.

Su dominio terminó en 1956 cuando fue ajusticiado en León por el poeta Rigoberto López Pérez, pero el régimen no cayó con él.

La presidencia pasó entonces a su hijo Luis Somoza Debayle, quien gobernó entre 1956 y 1963 manteniendo intacta la estructura represiva y el alineamiento con Washington, mientras el poder real se desplazaba progresivamente hacia su hermano Anastasio Somoza Debayle, jefe de la Guardia Nacional.

Luis Somoza murió en 1967 en Miami, Estados Unidos, a causa de un ataque cardíaco, sin que su fallecimiento alterara el control del régimen. Anastasio Somoza Debayle consolidó entonces su dominio absoluto, llevando el saqueo y la violencia a niveles extremos, especialmente tras el terremoto de 1972, cuando la tragedia nacional fue utilizada para enriquecer a la familia gobernante. Derrotado por la revolución popular sandinista, huyó del país en 1979 y se refugió en Paraguay, donde el 17 de septiembre de 1980 fue ejecutado en Asunción por un comando guerrillero dirigido por Enrique Gorriarán Merlo, operación en la que Hugo Irurzún, el “Capitán Santiago”, disparó su bazooka RPG-2 contra el Mercedes blindado de Somoza, cerrando más de cuatro décadas de dictadura impuesta al pueblo nicaragüense.

Es muy importante señalar que la dictadura somocista no gobernó sin enfrentar resistencia. Desde años antes fue tomando forma una organización revolucionaria que se expresó en el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), inspirado en el legado de Augusto C. Sandino, el General de Hombres Libres, que enfrentó la ocupación extranjera en los años treinta. El sandinismo se desarrolló en medio de la represión y la persecución, como fuerza guerrillera y política, articulando trabajadores, campesinos, estudiantes y amplios sectores del pueblo.

Ese proceso político y militar desembocó el 19 de julio de 1979, cuando el FSLN entró a Managua y el régimen colapsó. Con el triunfo, se abrió una etapa de reconstrucción nacional en un país devastado. La Cruzada Nacional de Alfabetización permitió que cientos de miles aprendieran a leer y escribir, convirtiendo la educación en un derecho. En el campo se impulsó la reforma agraria, la entrega de tierras, las cooperativas y la producción, rompiendo la herencia del somocismo.

La reacción del imperialismo yanqui, dirigida por Ronald Reagan (que en paz no descanse), fue inmediata y brutal, con el objetivo de derrocar a la Revolución Popular Sandinista. Se desató una guerra contrarrevolucionaria que dejó una estela de muerte y dolor.

Según documentos presentados ante la Corte Internacional de Justicia, más de 38,000 nicaragüenses murieron como resultado de esta agresión, aunque otros registros elevan la cifra a cerca de 50,000 víctimas, una violencia ejecutada a través de la CIA, que armó y dirigió a la llamada contra, responsable de asesinatos, destrucción de escuelas, sabotajes y terror en el país.

En 1990 se produjo un cambio de gobierno tras un proceso electoral marcado por el chantaje de Estados Unidos, abriendo un período de privatizaciones, desempleo y retrocesos sociales.

Durante dieciséis años, los gobiernos de Violeta Barrios de Chamorro, Arnoldo Alemán y Enrique Bolaños aplicaron políticas neoliberales que ampliaron la desigualdad. Sin embargo, el sandinismo permaneció vivo en la organización popular.

El retorno al gobierno en 2007, con la Compañera Rosario y el Comandante Daniel, convirtió al pueblo en Presidente. El buen gobierno sandinista trajo paz, salud y educación gratuitas, progreso, desarrollo, trabajo, seguridad y restitución de derechos.

El progreso llegó también a la Costa Caribe, con inversión en infraestructura, educación, salud y servicios básicos, reduciendo la brecha histórica y fortaleciendo la unidad territorial.

En estos 46 años desde 1979, el sandinismo ha enfrentado guerras, bloqueos, sanciones e intentos de golpe de Estado, y aun así ha avanzado. En estos 19 años de buen gobierno, el mayor logro ha sido garantizar la soberanía nacional y la paz. Hoy, el reto es derrotar definitivamente la pobreza, con un país que avanza junto con su gente, donde el pueblo es protagonista y Presidente de su propio destino.

Esta entrada fue modificada por última vez el 7 de enero de 2026 a las 4:13 PM