Europa hacia un futuro incierto

Foto Cortesía / Continente Europa.

Por Stephen Sefton

Una secuela de la catástrofe de la Segunda Guerra Mundial de la cual Europa jamás ha recuperado es su dependencia político-militar y económica de los Estados Unidos norteamericanos. Esta dependencia originó con la creación del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional en 1944, la aplicación del Plan Marshall de ayuda económica iniciado en 1948 y la fundación en 1949 de la alianza militar, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Se olvida generalmente que el Plan Marshall, bajo la agencia norteamericana Administración de Operaciones en el Extranjero, siguió en efecto hasta 1961. Las secuelas de ese período han determinado el desarrollo de Europa hasta el presente.

La relación económica con EE.UU.

Desde 1950 hasta el fin de la Guerra Fría en 1990, alrededor de 300,000 tropas norteamericanas ocuparon bases en toda la Europa occidental. Hoy, solo quedan 80,000 efectivos militares norteamericanos en Europa, pero la dependencia e interrelación financiera y comercial siguen muy vigentes. Se puede apreciar esta realidad en las cifras de la enorme inversión directa y el intercambio de bienes y servicios entre la economía norteamericana y los principales países europeos. Especialmente notables son las relaciones entre la economía norteamericana y las economías de Alemania, Francia, Países Bajos y el Reino Unido.

Los datos indican que las desavenencias en la OTAN, ahora alrededor de Groenlandia y sobre el apoyo material al régimen nazi de Ucrania, resaltadas en la reciente cumbre del Foro Económico Mundial en Davos, son mero teatro político. Es más que claro que las élites gobernantes yanquis y las élites gobernantes europeas no se van a divorciar a corto plazo. El principal pleito entre ellas es sobre cómo se va a pagar una mayor militarización de Europa, que las élites yanquis ya no quieren financiar pero necesitan para seguir su acostumbrada política exterior de amenazar a Rusia, amedrentar a China y proyectar poder militar hacia Asia Occidental en apoyo a Israel y contra Irán.

Una perspectiva económica objetiva

Con una población total de 450 millones en una extensión territorial de más de cuatro millones de kilómetros cuadrados, la Unión Europea aporta alrededor de 13% del Producto Interno Bruto mundial. Una comparación de su población, extensión territorial y producto interno bruto con los países más importantes en sus respectivas regiones demuestra que el poder económico de la Unión Europea relativo al mundo mayoritario es muy similar al poder norteamericano, aunque es innegable que ambos experimentan un declive económico en relación a la economía mundial.

Incluso, las relaciones económicas de la Unión Europea con China son mucho más significantes que el intercambio económico de China con el mercado norteamericano.

Para entender la sumisa dependencia europea relativa a los Estados Unidos norteamericanos, entonces, es necesario recorrer la historia político-militar transatlántica.

La integración político-militar europea

Después de la catastrófica devastación en Europa en 1945, las élites norteamericanas, con su economía ilesa, gozaban del prácticamente absoluto dominio de la economía mundial. El proyecto de la unificación europea inició en el contexto de la cooperación para el desarrollo norteamericana y la ocupación militar, y se desarrollaba como la expresión política de la alianza militar de la OTAN. El paso inicial de la integración europea fue el Tratado de París de 1951, que estableció la Comunidad Europea de Carbón y Acero compuesta de Alemania, Bélgica, Francia, Italia, Luxemburgo y Países Bajos. En 1957, por medio del Tratado de Roma, se creó la Comunidad Económica Europea junto con la Comunidad Europea de la Energía Atómica.

Desde los años 1960s, la mayoría de los países de Europa occidental progresivamente se unieron al proyecto de la integración europea. En 1993, con el Tratado de Maastricht, se fundó la Unión Europea, aunque fue hasta el Tratado de Lisboa de 2009 que las originales comunidades europeas fueron subsumidos formalmente en la nueva entidad. En los quince años después de la disolución de la Unión Soviética en 1991, casi todos los países de Europa del Este se unieron a la Unión Europea. En paralelo, se integraron en ese mismo período a la expresión militar de la relación transatlántica con el poder norteamericano, la OTAN, que se expandía progresivamente hacia las fronteras de Rusia.

Ahora veintisiete países son miembros de la Unión Europea y todos ellos son miembros de la OTAN, además de Islandia y Noruega. El Tratado de Lisboa de 2009 y la cumbre de la OTAN en Bucharest fueron la culminación del desarrollo de Europa como un fiel aliado de las élites norteamericanas para amenazar a Rusia e Irán, coaccionar a Venezuela, apoyar la ocupación del régimen israelí en Palestina y enfrentar a China.

Reajuste y recalibración

Una ruptura sería la expulsión de toda presencia militar norteamericana del territorio europeo y una reorientación del comercio de bienes y servicios hacia el mundo mayoritario. Habría un brusco ajuste financiero que facilita la viabilidad del dólar estadounidense. Los gobiernos europeos condenarían de manera eficaz el genocidio sionista en Gaza, impondrían medidas coercitivas contra la economía israelí, y habría un fin del apoyo europeo al régimen nazi en Ucrania, una normalización de las relaciones con Rusia, y el corte de toda relación política con Taiwán.

Nunca se verá la implementación de estas medidas, porque se trata solo de un reajuste y recalibración para barajar las relaciones y el vocabulario de la retórica entre las élites europeas y sus homólogas norteamericanas. El resurgimiento del más brutal colonialismo norteamericano exige a las élites europeas profundizar la represión política y económica contra sus propios pueblos para asegurar la continuidad de la colaboración europea con la política exterior norteamericana, hostigar a Rusia, amedrentar a China, amenazar a Irán y apoyar el régimen sionista en Israel.

El desarrollo de la guerra en Ucrania desde el golpe de estado en Kiev de 2014 confirma esta realidad. La clase política europea se sometía al liderazgo de las élites norteamericanas, pensando que estaban cumpliendo el papel de aliados, cuando en verdad actuaban como vasallos. La destrucción del gasoducto Nord Stream 2 ejemplificó esta realidad. Ahora, el imperio yanquí ha asegurado que Europa depende de los suministros de gas licuado de Estados Unidos y sus aliados. Las élites norteamericanas requieren convertir a Europa en una región vasalla estadounidense fuertemente militarizada. Se aplican cada vez más medidas de represión política, recortes al bienestar social y mayor explotación laboral.

Esta entrada fue modificada por última vez el 24 de enero de 2026 a las 2:59 PM