Por: Moisés Absalón Pastora
No pocos medios internacionales y afamadas revistas especializadas en determinados temas han exaltado nuestros modelos para aplicar políticas de impacto profundo con incidencia integral en nuestra sociedad en todos los sentidos. Por ejemplo nos destacan en primera línea en equidad de género; nos reconocen delante de muchas potencias en el mundo en cuanto a cómo logramos evitar que la pandemia nos afectara en la misma medida que lo hizo en países desarrollados y eso gracias al sistema de salud que tenemos y que además es gratuito; reconocen que somos el país de la región centroamericana con las mejores carreteras y además nos ubican como quintos en América Latina; se sorprenden porque logramos cambiar la matriz energética y tenemos energizado al país con el 99.5% de cobertura; en el istmo centroamericano nos refieren con las mejores instalaciones deportivas; productivamente somos el granero de todos nuestros vecinos en la región y de la misma manera tenemos la mejor carne de exportación y nos han llegado a distinguir como el número “1” en el mundo que siente que vive el paz y todo eso es gracias a los niveles de orden y seguridad en los que también tenemos mucho que decir.
¿De qué nos preciamos los nicaragüenses? Los que amamos a nuestro país de muchas cosas, pero fundamentalmente de conocer nuestra historia y creo que ahí está la clave de la república que tenemos hoy.
Aquel pensamiento de que “el pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla”, es prácticamente anónimo, pero el significado que encierra es magníficamente sabio porque los seres humanos parecemos siempre estar dispuestos a repetir constantemente las mismas pifias sin aprender de ellas.
La historia de los pueblos y la propia humanidad la podemos conceptuar como una industria de errores repetidos constantemente. Podemos saber de lo letal y dañino de una guerra, podemos tener plena conciencia de cómo iniciarla y esto puede ser un ciclo que va y viene, pero volvemos a patinar siempre con la certeza de nunca saber cómo terminará nuestra terquedad. Así somos la mayoría en este mundo, pero menos mal que ya nosotros venimos de vuelta y que una gran verdad es que una ínfima minoría no puede ni debe esclavizar a la gran mayoría.
Observen ustedes, a propósito de la crisis económica que hoy vive el mundo, que no quisimos aprender de lo que el mundo capitalista hizo allá por 1930, la Gran Depresión, porque en el 2009, con diferentes matices, en esa oportunidad desde el negocio inmobiliario y bancario el capitalismo salvaje la volvió a hacer y quien la sufrió fue el ciudadano de la calle en todo el planeta, porque las corbatas blancas que la originaron ni la sufrieron ni la pagaron. Y esta no fue la última, porque ahora mismo la guerra que tiene el imperio contra Rusia, la que promueve desde Israel contra Palestina, la que tiene declarada contra Irán y la que empuja con Taiwán tocándole los testículos al Tigre asiático, reedita algo que será la consecuencia de lo que tanto se viene hablando: otro colapso económico mundial que tristemente se perfila en mayúscula.
En el ámbito europeo no han sido pocos los que han intentado sin éxito sojuzgar naciones a través de crueles guerras con fines de ocupación y con costos letales para pueblos que fueron literalmente arrasados o de civilizaciones que fueron extinguidas. Así, por ejemplo, el “Gran Alejandro Magno”, a quien la historia refiere como un super general con capa de héroe, viajó por toda Asia para anexionarse un buen número de territorios. Otros como el Imperio Romano, Napoleón Bonaparte e incluso el dictador Adolf Hitler también lo intentaron, pero claro, sin éxito.
Los cristianos tenemos una visión diferente. La paz que buscamos no es ni sólo interior ni sólo exterior. No es mercancía que comprar, pues la paz no tiene precio; para nosotros la paz es un don; un regalo que Jesús da a sus discípulos: «La paz os dejo; mi paz os doy».
La paz que da Jesús está tejida de fe, de confianza, de aceptación de la propia vulnerabilidad, de perdón dado y recibido, porque siendo el perdón hijo de la paz, va y viene en dos vías y aceptarlo así engendra paz porque, en el fondo, ordena el corazón: restablece equilibrios perdidos y pone de nuevo cada cosa en su lugar. Y eso precisamente es lo que venimos haciendo desde el 2007 en este país buscando a través de la paz una reconciliación que solo algunas personas no aceptan porque sus vidas son un conflicto, una guerra interna movida por odio.
Que nos hayan reconocido como el pueblo número “1” del mundo que se percibe viviendo en paz, en contraste con la realidad alterada y desfigurada que los mercenarios políticos tejen de Nicaragua, es la satisfacción plena de estar del lado correcto de la historia porque vemos el fruto de trabajar en armonía, de vivir sin miedo al qué dirán, de sentirnos orgullosos de lo que nuestro esfuerzo, a pesar de los obstáculos, pudo lograr. Porque de otra manera no podría tener paz sin salud, sin educación, sin caminos, sin carreteras, sin apoyo para emprender, sin luz, sin agua, sin universidad o carreras técnicas, sin solidaridad humana, sin programas de apoyo, sin seguridad, sin orden.
Todo esto es lo que los copresidentes Daniel Ortega y Rosario Murillo nos recuerdan siempre en sus discursos porque antes no lo teníamos y además vivíamos con al menos medio siglo de atraso. Y aunque en medio de nuestro notable crecimiento ya Nicaragua es un referente mucho más calificado incluso que grandes potencias económicas —guardando las distancias— reconocemos también que nos hace mucho y que por eso mismo nuestra principal agenda es y será siempre vigilar y cuidar la paz que tenemos.
La paz se cuida siendo celosos guardianes de ella. Durmiendo con un ojo cerrado y otro abierto. Siendo vigilantes de aquel necio que, siendo cualquier chingaste de la sociedad, crea que su derecho está por encima del derecho de la inmensa mayoría de los nicaragüenses.
La paz, por no tener precio, es más cara que todo el oro y los diamantes que en el mundo puedan existir. Nosotros la tenemos, luchamos por ella, la conquistamos y hoy no la dejamos de defender nunca.
QUE DIOS BENDIGA A NICARAGUA.
Esta entrada fue modificada por última vez el 19 de mayo de 2026 a las 4:28 PM