Foto cortesía / Ese honorable espacio que nos habíamos ganado en la sociedad nicaragüense desapareció y estalló en mil pedazos, cuando sicarios disfrazados de periodistas “independientes” pusieron en práctica el terrorismo mediático

Refundemos el periodismo

Refundemos el periodismo

Consuelo Sandoval

En ocasión del día nacional del periodista que se conmemora el primero de marzo de cada año en homenaje a la memoria de Rigoberto Cabezas, creador del diarismo en Nicaragua; deseo hacer algunas reflexiones sobre el quehacer de nuestra profesión.

Desde hace algún tiempo observamos que los principios y valores que rigen al periodismo nacional, se han distorsionado y desacreditado, al estar la mayoría de empresas periodísticas controladas por el gran capital, la oligarquía o intereses extranjeros.

Esos principios que nos enseñaron en la universidad, entre ellos, objetividad, imparcialidad y ética periodística, se han difuminado.

La rancia burguesía criolla, políticos corruptos e intereses foráneos, han pisoteado y retorcido la libertad de expresión y de prensa de las que tanto nos enorgullecíamos los periodistas.

En algún momento de nuestra historia reciente, el periodismo llegó a ostentar el honroso primer lugar de credibilidad entre nuestro pueblo que consideraba que la información que publicábamos constituía la realidad de los hechos que acontecían.

Ese honorable espacio que nos habíamos ganado en la sociedad nicaragüense desapareció y estalló en mil pedazos, cuando sicarios disfrazados de periodistas “independientes” pusieron en práctica el terrorismo mediático, desatando una campaña de odio, violencia, tortura, destrucción y muerte de inocentes.

De esa manera preparaban las condiciones para propinar un golpe de estado que dichosamente el gobierno sandinista junto a la mayoría del pueblo derrotó en el año 2018.

Nuestra profesión la continuaron desacreditando con las falsedades que propalaron desde finales de 2019 con el surgimiento de la pandemia del coronavirus, en un claro afán por desvirtuar las acciones realizadas por las autoridades en pro de prevenir o reducir sensiblemente los contagios entre nuestros compatriotas.

Inventaron hospitales colapsados, centenares de fallecidos, cifras de contagiados alteradas, ofrecidas por “médicos democráticos”, funerales expres en altas horas de la noche y madrugada, escases de medicamentos, entre muchas mentiras fabricadas por los supuestos medios “independientes”.

La misma desinformación y manipulación orquestaron contra las acciones de prevención y atención de las personas afectadas por el paso de los devastadores huracanes Eta e Iota, en un intento fallido por desacreditar la descomunal labor gubernamental.

Los sesudos “periodistas”

Nuestra profesión se ha venido mancillando a pasos agigantados y nosotros los periodistas, somos culpables por permitir que unos cuantos delincuentes políticos, usurpen el título de periodista que jamás obtuvieron, desde dueños de periódicos, camaleones del gremio y activistas políticos.

Éstos sesudos “hombres de prensa”, desde sus desprestigiados medios de comunicación para los que trabajan, se han encargado de asignar el título de esta noble profesión a un criminal que en los años noventa asaltó la embajada de Nicaragua en San José, Costa Rica y secuestró al personal diplomático, de cuya acción terrorista obtuvo medio millón de dólares provenientes de los impuestos de nuestro pueblo.

La mentira, el engaño, calumnia, manipulación y difamación de los medios de comunicación de la extrema derecha, se han convertido en el nervio de la labor periodística de los que se autodenominan “independientes”, pero que en realidad son dependientes del financiamiento del gobierno de Estados Unidos, canalizados a través de la suciedad civil para destruir nuestra amada Nicaragua.

Usurpadores de la profesión

En años anteriores, algunos directivos de las organizaciones periodísticas, abusando de su mandato, desvirtuaron la naturaleza de estructura periodística, al afiliar como integrantes de las mismas a reconocidos dirigentes políticos, entre ellos, a un contralor en funciones en ese momento. 

El colmo del manoseo al periodismo es que, en la actualidad ex reos, publicistas, oportunistas y camaleones gremiales, ostentan cargos directivos en una que otra “organización periodística”.

Es precisamente por toda esa porquería en la que se encuentra sumergida nuestra profesión que estamos obligados a refundar y dignificar el ejercicio profesional de los hombres y mujeres de prensa, que nos permita enaltecerla y rescatarla, a fin de que se ponga al servicio de nuestro pueblo y los propios periodistas.

Basta de traficantes

Ese proceso tendría que contemplar además del rescate de nuestros valores y principios, mayor capacitación de los periodistas en el estudio de nuevas tecnologías, cursos de actualización y superación gremial; así como la eliminación del estigma de que los periodistas no podemos pertenecer al partido político de nuestra preferencia.

Buena parte de los periodistas “independientes” gritan a los cuatro vientos que son liberales, conservadores o de cualquier otra agrupación política y nadie los tacha de parcializados en el ejercicio del periodismo.

No obstante, cuando se trata de los periodistas sandinistas, se nos niega ese derecho, consignado en la Constitución Política de Nicaragua.

Es momento de que acabemos con nuestra actitud tolerante y hasta cómplice con los traficantes de la información, independientemente de la casta a la que pertenezcan.

Con unidad, perseverancia y dedicación, lograremos impedir que advenedizos continúen adueñándose de los espacios gremiales del periodismo nacional.