COSEP: Toda violencia es mala

El Consejo Superior de la Empresa Privada (COSEP) dio a conocer un editorial en el que defiende el modelo de diálogo y consenso con todos los sectores, impulsado por el Gobierno Sandinista, a la vez que rechaza a quienes, con intereses políticos, quieren promover la confrontación.

 

A continuación, editorial íntegro del COSEP:

Toda violencia es mala

En los diferentes espacios en donde exponemos nuestros planteamientos sobre temas de relevancia de la vida institucional de nuestro país, hemos subrayado nuestra creencia, convicción y compromiso de trabajar para una Nicaragua más próspera y democrática.

En esa línea de principios hemos sido categóricos en afirmar que el esquema de diálogo y consenso para nosotros es vital para alcanzar esos objetivos. Por ello no tenemos ningún reparo en reconocer los logros que por esa vía hemos alcanzado para fortalecer la institucionalidad económica y avanzar socialmente, pero también, en afirmar en forma clara que todavía hace falta un mayor diálogo y consenso político en nuestro país.

No obstante algunos “sofistas” han querido desconocer esa realidad, y han tejido toda una campaña para convencer a la sociedad que existe un “diálogo bueno” y “un diálogo malo».

La pretensión impúdica es hacer creer que el diálogo que desarrolla el sector privado a través de la gremialidad empresarial para fortalecer la institucionalidad económica, y por supuesto, para incidir en la institucionalidad política, es malo. Y el que está planteado desde la perspectiva de otros actores sociales, que buscan los mismos objetivos, es bueno.

Ahora, esa falacia se quiere llevar por estos mismos personajes de la descalificación, en relación a diferentes situaciones de violencia que se han presentado en diferentes lugares del país, y quieren vendernos la idea de que también existe una “violencia buena” y “una violencia mala”.

Desde COSEP nos hemos pronunciado públicamente tanto en las recientes manifestaciones políticas en Managua que iniciaron pacíficamente y terminaron en forma violenta con agresiones a policías como en otras en donde a vista y paciencia de las autoridades policiales se cometieron atentados criminales.

Por un lado, exigimos libertad de movilización, y por otro, exigimos beligerancia de la Policía Nacional y castigo para los responsables.

Recientemente nos ha tocado vivir los hechos violentos ocurridos en La Mina El Limón y en Chichigalpa que escalaron los niveles de violencia perpetrados. En ambos casos hubo actos vandálicos y de destrucción en contra de personas, de la propiedad privada y de la propiedad pública. Lamentablemente no solo se llegó a perder bienes materiales sino que se llegó a perder la vida de un joven policía.

Gracias a Dios por la intervención de las mismas autoridades se evitó que se explotaran artefactos explosivos en lugares que son altamente riesgosos como es el caso de Chichigalpa en donde se vandalizó una gasolinera y hay altísimos niveles de alcohol en la comunidad.

Sobre estas situaciones, en forma clara demandábamos un sí al diálogo y un no a la violencia. Por más justas que sean las
demandas, si lo fueren, nada justifica ese actuar. Es correcto que los vándalos y delincuentes sean detenidos y puestos a la orden de los tribunales de justicia.

Tampoco es justificable querer vendernos que estos actos premeditados e irracionales contra personas y bienes son buenos, y que el restablecimiento del orden y el derecho al trabajo y a la movilización es malo.

El común denominador de esta falacia, es que proviene de sectores y personas que tienen un interés manifiestamente político; y proviene, parafraseando un editorial de este mismo periódico, de “personas influenciadas por el radicalismo político y social” del pasado, que creen que solo con la violencia se puede lograr reivindicar demandas sociales y políticas.

Lo que está planteado es una posición política que nos quiere llevar, como en el pasado, a la confrontación como forma y medio para resolver los conflictos. Ellos creen y así lo exponen, que las luchas son en las calles, que debe generarse inestabilidad económica y social para desestabilizar al país.

Ellos por convicción y antecedentes no creen en los beneficios de que los conflictos se resuelvan por medio del diálogo y el consenso. Su única alternativa es generar y contribuir al caos. Apuntan sin vacilar a la desfragmentación de la nación, a una sociedad disociada. Son una generación que nació y vive en base a una cultura de guerra y violencia; ese es su único legado a la historia de nuestro país.

Y por eso tienen limitaciones reales para comprender a una nueva generación que en su cultura y valores no acepta y rechaza la existencia de una violencia buena, porque para ellos y para la mayoría de los nicaragüenses, toda violencia es mala.
¡Fortaleciendo al empresariado hacemos grande a Nicaragua!