Foto ilustrativa / Las más recientes agresiones del imperialismo contra nuestro país fueron anunciadas como represalias en insolente y abusiva respuesta de EEUU

La derecha esquizofrénica y el imperio olvidadizo

Por Carlos Fonseca Terán (12 de junio 2021)

La derecha vendepatria (oligárquica bananera, medio pelo y los pocos pelados desclasados que la siguen) vive en un mundo paralelo y asume que todos vivimos en él. A esto contribuye el hecho de que entre los grupos de clase que la integran, es la oligarquía quien define las pautas a seguir, o sea lo que es verdad y lo que es mentira, lo que es bueno y lo que es malo, lo que es bonito y lo que es feo. Para ellos lo peor que puede pasarle a alguien en la vida es ser sancionado por los gringos, y es normal, porque los gringos son sus ídolos. Lo anormal es suponer que esto es así para todo el mundo, ignorando por ejemplo, que para un sandinista ser sancionado por los gringos es uno de los más altos honores que se pueden recibir.

Esa esquizofrenia oligárquica es explicable en parte porque a falta de logros que exhibir, la derecha golpista no tiene otra cosa de la cual presumir, que no sean las sanciones impuestas a nicaragüenses e instituciones de nuestro país por el gobierno de Estados Unidos. Lo que en realidad nos afecta de las agresiones económicas practicadas por los gringos es que en gran parte están orientadas a entorpecer el funcionamiento de nuestras instituciones, dificultando la aplicación de las políticas sociales destinadas a la lucha contra la pobreza en nuestro país y las políticas orientadas a la lucha contra la delincuencia y el crimen organizado, lo que por cierto, y quiéranlo o no, se les revierte a los mismos que las aplican, en vista de que Nicaragua es un muro de contención para dicho flagelo, que Estados Unidos considera una amenaza a su gobernabilidad. Pero ellos prefieren priorizar lo que consideran una amenaza a su poderío mundial, o sea el ejemplo de dignidad y defensa de su soberanía y autodeterminación, que constituye Nicaragua junto a países como Cuba, Venezuela y Bolivia, demostrando que se puede desafiar a los poderosos del mundo y a la vez, mejorar las condiciones de vida del pueblo y hacer que el país avance, e incluso ese desafío es una condición para lograr tal objetivo.

En consecuencia, a quien verdaderamente perjudican las agresiones económicas es a los sectores populares, beneficiarios de las políticas sociales cuya aplicación se ve enfrentada a dificultades provenientes de tales actos. A pesar de ello y gracias a los grandes esfuerzos del Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional, así como a su gran capacidad de gestión y a los altos niveles de organización de nuestro pueblo, seguimos avanzando en la implementación de los programas sociales derivados de las políticas de lucha contra la pobreza. Las más recientes agresiones del imperialismo contra nuestro país fueron anunciadas como represalias en insolente y abusiva respuesta de Estados Unidos ante nuestros elementales actos en defensa de la dignidad y soberanía de nuestro país, pero en realidad esas agresiones ya estaban listas a ser llevadas a cabo contra Nicaragua (tomáramos o no las medidas que tomamos) como forma de presión con la ilusoria pretensión de que hiciéramos unas elecciones a la medida de intereses extranjeros, hegemónicos y hostiles, mientras a la par de ello, la cúpula golpista avanzaba en la puesta en práctica de un nuevo plan desestabilizador en el contexto del proceso electoral.

Es absurdo pensar que las acciones llevadas a cabo por nuestras autoridades contra los conspiradores terroristas al servicio de Estados Unidos, algunos de ellos disfrazados de precandidatos como simple escudo para proteger sus planes criminales, tengan como objetivo sacarlos de la competencia electoral, pues aun suponiendo que alguno de ellos tuviera alguna posibilidad electoral (que ninguno la tiene), sería imposible que todos las tuvieran a la vez. Incluso uno de los que no se habían involucrado de manera visible en los frustrados planes de golpe de Estado en 2018, de pronto en días recientes apareció en un audio que se viralizó, hablando sin disimulo como todo un agente norteamericano o vocero del gobierno de Estados Unidos, dando a conocer el resultado de gestiones suyas en contra de Nicaragua y mencionando entre otras cosas, una eventual suspensión de Nicaragua de la OEA y la aplicación de más medidas por parte del gobierno gringo contra nuestro país.

Las causas concretas por las que se ha detenido a esta gente, básicamente, son tres: La primera, practicar lavado de dinero para canalizar fondos que según reconocen los propios implicados (distribuidores y receptores finales de los mismos), provienen de agencias extranjeras cuyo vínculo con procesos desestabilizadores en el mundo es de dominio público; la segunda (y esta es quizás la más más grave), estar al servicio de una potencia extranjera hostil a los intereses de nuestro país, de lo cual son autores confesos todos los detenidos (precandidatos o no); y la tercera (derivada de la segunda), conspirar para la aplicación de un nuevo plan desestabilizador en el marco de las próximas elecciones a realizarse en noviembre de este año.

De esta manera pues, aun a sabiendas de que a lo inmediato vendría la acusación de que las capturas realizadas tenían fines vinculados con las declaradas aspiraciones presidenciales de algunos de los detenidos, las instituciones de nuestra país, no guiadas por cálculos políticos electorales de tipo coyuntural, sino por el interés supremo de la nación, se vieron en la obligación de actuar poniendo ese interés por encima de todo, con la convicción de que cualquier costo político a pagar sería inferior al daño que ocasionaría al país la no aplicación de las leyes en este caso.

Cualquier país que se respete a sí mismo, actuaría de igual manera, y no es casual que las grandes potencias hegemónicas a nivel mundial tengan leyes similares a las que en este caso está aplicando el Estado nicaragüense. Pero lo que es bueno para ellos, los imperialistas no lo consideran bueno para otros. En Estados Unidos por ejemplo, ha causado gran revuelo la fantasiosa teoría derechista de conspiración según la cual Rusia estaría tratando de influir en su política interna, lo que ha motivado investigaciones de todo tipo y puso sobre la mesa en determinado momento, incluso una posible destitución del ex Presidente Donald Trump. Sólo que en nuestro caso los conspiradores a favor de una potencia extranjera y hostil son autores confesos de ese delito. Claro, que para la existencia de un orden jurídico defensor de los intereses nacionales, en el caso de los países que hemos sido víctimas de la dominación imperialista, tiene que haber un poder y un modelo político y socioeconómico que se corresponda con esos intereses nacionales del propio país, y que son expresión del derecho a la soberanía y la autodeterminación, lo cual en la realidad de nuestros países sólo es posible con un proceso revolucionario en marcha como en el caso nuestro, o al menos con un gobierno revolucionario o defensor de los intereses populares, pues en los países históricamente dominados por las potencias imperialistas, la lucha por su independencia política y económica va indisolublemente unida a la lucha por la emancipación social, debido a que la dominación imperialista no es más que la máxima expresión de la dominación de clase ejercida por los explotadores sobre los explotados, que en una fase dada del desarrollo capitalista dejan de ser solamente clases sociales dentro de cada nación, para pasar a ser naciones enteras explotadas por las que se erigen en grandes potencias hegemónicas que ejercen la explotación sobre otras naciones.

Según parece, gringos y europeos pensaron que cuando en nuestro país se adoptaron las disposiciones jurídicas que ahora se están aplicando, Nicaragua no hablaba en serio, porque seguramente su naturaleza como potencias imperialistas (ricas y hegemónicas como en el caso de Estados Unidos, o pobretonas, marginales y subordinadas como en el caso del Reino de España, que al parecer aún alucina con ser nuestra metrópoli colonial) no les permite terminar de entender que por pequeños y pobres que seamos, somos un país con dignidad, que levantó su frente para nunca jamás humillarse ante potencia alguna, por poderosa o arrogante que ésta sea, como tampoco entienden que así como su insolencia imperial se ha estrellado tantas veces con la dignidad de este país como ha sucedido en muy pocos países por ellos antes dominados (cosa que parecen haber olvidado), de esa misma manera se seguirá estrellando su insolencia contra nuestra dignidad, cuantas veces pretendan ellos retomar su dominación sobre nuestra patria, que ahora está y seguirá estando gobernada por los seguidores de la lucha revolucionaria iniciada por el General de hombres y mujeres libres, Augusto C. Sandino, quien no por casualidad dijo que su espada defendería el decoro nacional y daría redención a los oprimidos, y así lo seguimos haciendo y seguiremos haciéndolo, fieles a su imborrable legado.