Jüri Talvet y el legado universal de Rubén Darío

Jüri Talvet (1945) recuerda con extraordinaria lucidez los detalles de su primera visita, hace 28 años, a Nicaragua. El escritor estonio, considerado uno de los más connotados hispanistas de Europa nórdica, participó en la VII Jornada de la Independencia Cultural Rubén Darío, celebrada en nuestro país en enero de 1988, año del centenario de Azul. El también traductor brindó la semana pasada, en la Universidad de Tallin, una conferencia sobre Rubén Darío, en la que citó un sinnúmero de episodios de su impronta literaria, algunos de ellos quizás poco conocidos.

 

 

“Estuve en Nicaragua por dos semanas, llegué con el escritor ucraniano Dmytro Pavlychko. Fue una experiencia inolvidable”, dijo a Ricardo Alvarado, embajador nicaragüense en Finlandia, en una conversación sostenida antes de pasar a la sala de conferencias. “Nicaragua es un país de grandes talentos poéticos, partiendo con Rubén Darío. Admiro la obra de Joaquín Pasos, el poeta que al igual que nuestro Juhan Liiv nunca viajó fuera de su patria, pero escribió maravillosos poemas de imágenes surrealistas sobre Noruega y Alemania”, agregó.

La gira de los poetas en 1988 fue parte de un programa de intercambio organizado por la entonces Unión de Escritores Soviéticos. En esa época, el embajador de Moscú en Managua era Vaino Väljas (Estonia, 1931) quién, recordando los vínculos de solidaridad con Nicaragua, en una entrevista con la prensa en Tallin (Delfi, marzo 2013), al referirse a la visita de su coterráneo Jüri Talvet dijo que “(…) las impresiones de Talvet en Nicaragua están recogidas en el libro ‘Hispaaniast Ameerikasse’, donde se destaca que la lucha del pueblo nicaragüense nacía del corazón”.

Vale mencionar que en 2104 vio la luz un libro del acompañante de Talvet, Dmytro Pavlychko (1929), que incluye poemas inéditos escritos durante su visita a nuestro país.

Catedrático de literatura universal, Talvet publicó en 1992 la obra mencionada por Väljas, “Hispaaniast Ameerikasse”, título que se traduce al español como “De España a América” (Ensayos sobre España, Cuba, México y Nicaragua).

El capítulo sobre Nicaragua “Managua Pävik” (El Diario de Managua) inicia con la frase del Comandante Tomás Borge: “Ei saa olla revolutsionäär õrnuseta silmades ja kätes, armastamata vaeseid ja lapsi” (No se puede ser revolucionario sin ternura en los ojos y en las manos, sin amor a los pobres y a los niños).

El ensayo es un homenaje a la grandeza de Rubén Darío y de su patria. Sus páginas describen con admiración y simpatía la gesta heroica del pueblo nicaragüense. Expresiones de escritores como Julio Cortázar acompañan el texto. La inmortalidad de Darío se manifiesta a lo largo del escrito y la fotografía del bardo inspira los mensajes que fluyen con profunda humanidad de cada párrafo.

Veintiocho años después, desde un podio en la Universidad de Tallin, Talvet siguió la misma línea espiritual. Disertó brillantemente sobre el legado del panida. Su intervención, amena y llena de datos, trajo al auditorio pasajes de la huella dariana de gran valor histórico y literario.

El escritor afirmó que Darío demostró al mundo que era posible, desde Nicaragua, renovar la lengua de Cervantes. Acto seguido leyó la composición de Roberto Fernández Retamar, Premio Latinoamericano de Poesía Rubén Darío (1980):

“R.D.
Descubrió que nacer en Nicaragua no era (como
se aseguraba) una insalvable limitación
Y se fue a Chile
Donde suspiró por Francia
Hasta que en un café del Quartier Latin encontró
a su Verlaine
Quien le dijo merde.
Se reconcilió con el idioma, con España, con
América
Volvió a Nicaragua, y verificó que sólo la muerte es
limitación” (FERNÁNDEZ RETAMAR, Roberto: A quien
pueda interesar, 1970).

El académico pasó luego a referirse a la proyección del bardo nicaragüense en el mundo nórdico europeo. Habló del vínculo de Rubén con el español Ángel Ganivet, precursor simbólico de la generación del 98. Talvet rememoró que durante la visita de Darío a Budapest, en 1904, el panida escribió una oda a Ganivet, creyendo que el granadino se había suicidado en el Danubio. En realidad Ganivet, afectado por una severa depresión originada por diferentes causas, se suicidó tirándose desde un barco al río Daugava, en Riga, Letonia.

Los poetas no se lograron encontrar (Darío partió de Buenos Aires a España el 03 de diciembre de 1898, Ganivet se suicidó cinco días antes, el 29 de noviembre de ese año), pero Rubén estaba enterado del trabajo de Ganivet, quien sirvió en Finlandia como diplomático, produciendo en ese país nórdico la mayor parte de su obra. De hecho, Rubén cita a Ganivet en su libro “El Viaje a Nicaragua é Historia de mis Libros”:

“Aun siente España la desaparición de un grande hombre suyo que se llamó Ángel Ganivet, ese andaluz eminente que de boreales regiones envió tanta luz a la tierra maternal. Y cuenta ese granadino, hoy glorificado, la historia de un hombre de Matagalpa que, después de recorrer tórridas Áfricas y Asias lejanas, fué a morir en un hospital belga, y le llamó para confiarle los últimos pensamientos de su vida. No sé cómo se llamaba aquel hombre de Matagalpa; pero sé que ese ignorado compatriota, en su modestia representativa, había visto como yo quizás, en las constelaciones que contemplaran sus ojos de viajero, las clásicas palabras: Navigare necesse est, vivere non est necesse” (DARÍO, Rubén: El Viaje a Nicaragua é Historia de mis Libros. Volumen XVII. Madrid, Editorial Mundo Latino, 1919, págs. 13-14).

El “hombre de Matagalpa” al que se refiere Rubén era Agatón Tinoco, quien moría de fiebre amarilla en el Hospital Stuyvenberg, en Bélgica, y deseaba platicar con un compatriota.

Algunos historiadores aseveran que Tinoco era oriundo de Matagalpa (basándose en las cartas de Ganivet al cervantista Francisco Navarro Ledesma, recogidas en el libro “Epistolario”, 1904). El libro escrito por Ganivet en Finlandia “Idearium español” (1897), señala que Tinoco era originario de Managua, de familia portuguesa.

La anécdota es célebre. Hay quienes aseguran que el encuentro con el nicaragüense influenció de manera decisiva el hispanismo de Ganivet, uno de los pilares del pensamiento español del fin del siglo XIX.

Ganivet, que era cónsul de España en Amberes cuando se reunió con Tinoco (mayo 1893), describe así aquella plática con el nicaragüense:

“—Yo no soy español, me dijo; pero aquí no me entienden y al oirme hablar español han creído que era á usted á quien yo deseaba hablar. —Pues si usted no es español, le contesté, lo parece y no tiene por qué apurarse. —Yo soy de Centro-América, señor, de Managua y mi familia era portuguesa; me llamo Agatón Tinoco. Entonces —interrumpí yo— es usted español por tres veces. Voy á sentarme con usted un rato, y vamos á fumarnos un cigarrillo como buenos amigos…” (GANIVET, Ángel: Idearium español. Granada, Tip. Lit. Vda. e hijos de Sabater, 1897, págs. 110-111).

El nicaragüense que intrigó a Rubén murió dos días después de ese encuentro. “(…) Agatón Tinoco es, por esencia, el nicaragüense universal, que pasó de las páginas —y cartas— de Ángel Ganivet a la memoria hispánica”, escribió el español Jaime Ferrán (‘El Reto de la Palabra’ en “50 Críticas y un poema”, homenaje a Eduardo Zepeda-Henríquez, Academia Nicaragüense de la Lengua, 2010).

A esa riqueza cosmopolita, multidimensional y multicultural de Rubén Darío es a la que se refirió espléndidamente, con citas y anécdotas, Jüri Talvet.

No fue lo único. También recitó poemas de Darío traducidos al estonio por otro notable hispanista báltico, Ain Kaalep (1926). “Sinfonía en gris mayor” y “A Roosevelt” fueron publicados por Kaalep, en 1980, en su libro “Peegelmaastikud” (Espejos y paisajes). Además, una traducción de Kaalep de “Letanía de nuestro señor Don Quijote”, apareció en la revista ‘Akadeemia’ (Tartu, 2 (8), 1990).

Para concluir, Talvet maravilló a la audiencia leyendo sus recientes traducciones de los poemas de Darío: “Un soneto a Cervantes” y “Filosofía”. La traducción del primero fue enviada por el escritor para su publicación a la prestigiosa revista literaria ‘Looming’, en Tallin.

Durante la conferencia del hispanista báltico se ratificó una vez más, esta vez en otro punto geográfico y en otro idioma, lo expresado por Jorge Luis Borge años atrás: “(…) sin duda, yo no escribiría lo que he escrito sin Darío, porque cuando por un idioma pasa alguien como Rubén Darío ya todo cambia…” (ALVARADO TENORIO, Harold: Conversando con Borges, 1992).

Es, por consiguiente, una realidad incuestionable como su inmortalidad: el Padre del Modernismo cautivó y continúa cautivando con su magia poética la imaginación de las lenguas y culturas del mundo, incluida la estonia. De ahí que su legado literario es castellano, pero sobre todas las cosas es universal.