León Nicaragua, la ciudad estudiantil, y nuestra victoria

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Por: MIGUEL ÁNGEL AGUILAR •

A una hora y 10 minutos de la capital Managua, León es la ciudad soñada, cuna de la revolución nicaragüense, la ciudad de los estudiantes, de la lluvia radiante, de los festivales poéticos, de lo más legendario y bello que población alguna en Latinoamérica pudiera tener y es emblemática de un país que logró lo justo:  ser la estirpe de la revolución popular juvenil sandinista.

Estatura y deidad, playas y libros, comercios y el color blanquecino y esmeralda que le da un toque singular. Leyendas, hechos reales, testimonios de fuerza, de ira y decisiones, de esperanzas cumplidas.

Mientras tanto, nuestro país irrumpe en la escena mundial con el triunfo de Claudia Sheinbaum y como el nuevo paradigma para una humanidad harta de fracasos, de peligros reales de hecatombes nucleares, ahí en ese planeta con los mayorazgos decaídos, los imperios en crisis, la conquista  china del lado oscuro de la luna, el drama palestino, el peligro Ucraniano y la presencia alevosa del militarismo estadounidense y más tenso aun: los barcos nucleares rusos en la habana, como reviviendo la crisis de los misiles de 1961 en tiempos de Kennedy y Fidel Castro.

México es entonces noticia tras noticia, los diarios y noticieros y analistas más connotados del orbe, analizan el tema electoral mexicano: una derecha miope y que evalúa a su manera haber hecho escándalo y miseria humana con la nota roja y la desgracia natural, para invertir cantidades monstruosas de dinero para difamar y esculcarle a la fama negra su más asombrosa diadema: perder y quedarse inmutables, desarmados, viendo como ese movimiento obradorista es ejemplo mundial y, -muy posiblemente- perdurable en la vida pública mexicana por los próximos 50 años.

Nicaragua forma parte de ese corredor continental donde en un puño se aprestan todas las consignas y hechos verdaderos que se deciden en beneficios directos a las muchedumbres, la inversión en la salud pública, la vivienda, los programas sociales, los acuerdos comerciales, la inversión directa, el turismo y la cultura, la defensa de los derechos humanos, la juventud, antes que nada, la niñez con beneficios, la tercera edad con la resistencia asegurada.

Es seguro que las relaciones bilaterales entre Nicaragua y México, seguirán el modelo ilustrativo de la no intromisión en asuntos internos y en cambio, el respeto mutuo y la admiración constante. El comandante Daniel Ortega, jefe del estado nicaragüense, presidente de la nación centroamericana, se sitúa como líder natural del hemisferio y ejemplo racional de justicia y prosperidad para su pueblo y con su par, el obradorismo como espejo de reivindicaciones sociales y los principios de apoyar a los pueblos con solidaridad y fraternidad incontenible.

Por ello me cautivó la hermosa ciudad de León, cuna de los grandes poetas, sede de los restos mortales del gran Rubén Darío, volcanes, lagos, mares, playas, historias de rebeldía y de heroísmo, todo ello envuelve a esta ciudad de apenas medio millón de habitantes y que cautiva de inmediato y recoge lo más suntuoso en una catedral única y ejemplar, como su perfil de democracias y batallas milenarias.

Por lo demás, México expande su hegemonía moral y es ejemplo de que su humanismo, es fuente inagotable de la diversidad política, de la victoria por resultados concretos y persistencias populares, ese gran respaldo que hacen de nuestro país uno de los más politizados del orbe y de los más afortunados por presenciar el cambio histórico donde los príncipes fueron socavados y los pobres arribando para siempre al pedestal de la rebeldía y la magia inigualable.

Esta entrada fue modificada por última vez el 8 de junio de 2024 a las 2:33 PM