Bandera de Nicaragua

Nicaragua es un país libre y soberano

NICARAGUA ES UN PAÍS LIBRE Y SOBERANO ES EL RESULTADO DE LA LUCHA DE SU PUEBLO Y DE LA CERTERA DIRECCIÓN ENCABEZADA POR DOS HÉROES DE AMERICA: AUGUSTO C. SANDINO Y CARLOS FONSECA AMADOR ES EL FRUTO DE UN PUEBLO LUCHADOR Y VALIENTE

Humberto Vargas Carbonell

Se ataca a Daniel Ortega y a su compañera, ahora Vicepresidenta de la República de Nicaragua, como antes se atacó a Sandino y su legítimo heredero, Carlos Fonseca Amador. Sandino fue asesinado por el dictador y el heredero entregó su vida combatiendo al asesino.

A esta estirpe de combatientes pertenecen los que ahora dirigen los destinos políticos de Nicaragua: el Frente Sandinista de Liberación Nacional.

Esa es mi más profunda convicción, así que no lo digo para iniciar polémicas sin sentido, porque carecen de sentido las opiniones de quienes para pegar el salto a la trinchera ajena han abandonado antiguas convicciones que parecían sólidas, pero que convirtieron las banderas de las convicciones en papalotes volanderos sin rumbo, movidos por las ventiscas del norte.

Estoy convencido de que es imprescindible, para la restauración ética y política del pueblo tico, resucitar y expandir, por todos los rincones de la patria, el pensamiento político de don Joaquín García Monge. Sería maravilloso, por ejemplo, que con motivo del bicentenario de la independencia se diera a leer a todos, el discurso pronunciado por don Joaquín el 15 de setiembre de 1921, en el homenaje al primer siglo de independencia.

Con este propósito me parece oportuno copiar unos párrafos de escritos de don Joaquín, uno de una carta dirigida a la poetisa chilena Gabriela Mistral y otro, en la respuesta a una misiva de don Alberto Brenes Mesén.

En primera, firmada en San José, 1 de junio de 1928, dice: “Mi muy querida Gabriela: Respondo a su muy amable que hace poco recibí. A mí también se me oprime el ánimo cuando me fijo en el panorama de América. Esta tragedia cercana de Nicaragua es de lo más terrible que me ha tocado asistir. Lo que más me duele es la pillería de estos políticos, financieros y vende patrias de que está hirviendo la América nuestra. Sandino es un buen ejemplo; un caudillo simpático y desinteresado. En donde más lo deprimen es en su propia tierra. Yo reproduzco en el Repertorio cuanto se dice importante de él, para consuelo y estímulo de los que en él creemos.

En dos artículos suyos he recogido sus buenas palabras pro Sandino… (Obra Selecta. Joaquín García Monge. Pág.73. Editorial Fundación Ayacucho. Caracas, Venezuela)

La segunda carta, dirigida a Roberto Brenes Mesén, de fecha 18 de agosto de 1930, dice: “Mi querido Roberto: Recibí su carta del 31 de julio en que se manifiesta bastante airado porque combatimos el imperialismo económico de los yanquis, no al pueblo americano en lo mucho que tiene de culto y bueno. Si usted estuviera en Nicaragua vería las crueldades de junkers alemanes que están cometiendo los marines mercenarios al servicio de la plutocracia yanqui en poblaciones desvalidas. Esto, es lo que hacen con bombas y gases asfixiantes. ¿Y lo que escriben profesores como Bergson de la Universidad de Yale? ¿Y lo que anda predicando el profesor Johnson de la Universidad de Wisconsin? Estos profesores se me parecen a los que preconizaban lo de Alemania sobre todas las naciones antes de la guerra de 1914. Puedo asegurarle que en estos últimos años nada se ha vuelto más abominable y horrible para estos países del Caribe que el imperialismo yanqui. Una cosa es el apacible ambiente universitario en que usted vive, una cosa es lo que allá se le cuenta al pueblo americano, y otras cosas son las pillerías que los marines yanquis están cometiendo en algunos sectores del trópico. La ferocidad turca, el ímpetu de los hunos es cosa de niños comparada con la crueldad científica de este nuevo azote de nuestra América. Viejo azote sería mejor decir, porque desde los tiempos de Bolívar vienen estorbándonos. Esa tribu de abogados, de banqueros, de profesores, marines y políticos perversos, a modo de los pillos ingleses, quieren hacer de nuestra América nuevas Indias y Egiptos. Ya lo verá: desencadenarán la guerra en este continente y América tendrá que hacer lo que China: unirse, armarse y sacarlos a tiros. Eso ni usted ni yo lo veremos. Es claro, la iniquidad yanqui, como usted muy bien lo dice, no prosperaría si no hallara aquí tanto descastado (periodistas, comerciantes, bananeros, banqueros, abogados, politicastros, etc) que entregan sin escrúpulos su tierra al invasor”. (Ibidem. Pág. 82. Carta a Roberto Brenes Mesén)

El respeto y la simpatía por la gesta sandinista en 1928 y la denuncia antimperialista y el llamado a la lucha de 1930, se enlazan en el pensamiento de Don Joaquín como un llamamiento vigoroso a la lucha contra el imperialismo yanqui.

Hoy, el diapasón de las alternativas se ha estrechado: se está con el imperialismo o  a favor de los pueblos en su lucha antimperialista. No importa el tono o el volumen, lo que decide es un compromiso, que ha de ser ético y también político.

Me interesa subrayar que las ambiciones de expansión territorial del imperialismo naciente se pusieron de manifiesto cuando los libertadores y los pueblos luchaban contra el colonialismo español y portugués.

El Libertador, Simón Bolívar, con su clara inteligencia, iluminada por su larga y heroica lucha comprendió el papel de los Estados Unidos en el destino de los pueblos americanos.

Nos legó una clarísima advertencia, cuyo valor se hace cada día más evidente: “Los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia a plagar la América de miserias en nombre de la Libertad” (Así lo escribió Bolívar en carta dirigida al coronel Patricio Campbell redactada en Guayaquil, el 5 de agosto de 1829).

“En 1823, en el mensaje del Presidente Monroe al Congreso de los Estados Unidos, se exponía ya de manera inequívoca la pretensión de desempeñar un papel hegemónico en todo el Hemisferio Occidental, incluyendo América Central y del Sur”.

“…la burguesía estadounidense hizo ver de modo patente el auténtico sentido de la doctrina Monroe a menos de dos años de su proclamación, al desembarcar en 1825 sus tropas en Puerto Rico. Este acto agresivo constituyó el punto de arranque de la expansión de Estados Unidos en América Latina.

La concepción de “América para los americanos” que hasta ahora mantiene absoluta vigencia en las relaciones imperialistas de los Estados Unidos con los pueblos latinoamericanos, se acompaña con la concepción del destino manifiesto que es la concepción cuasi religiosa que implica el derecho de los Estados Unidos de gobernar a todos los pueblos, en todos los continentes.

John L. O*Sullivan, parece que fue quien fue el que acuñó el término en un artículo periodístico en 1845, escribió: “El cumplimiento de nuestro destino manifiesto es extendernos por todo el continente que nos ha sido asignado por la Providencia, para el desarrollo del gran experimento de libertad y autogobierno. Es un derecho como el que tiene un árbol de obtener el aire y la tierra necesarios para el desarrollo pleno de sus capacidades y el crecimiento que tiene como destino”.

Esta es la versión cuasi religiosa, pero es necesaria subrayar entre otros rasgos, la de la raza superior: “En la fórmula del “destino manifiesto” figura la tesis de que los norteamericanos eran una “raza superior”, indicada por la providencia misma para determinar las vías del desarrollo de otros países y gobernar a otros pueblos. Esta tesis conducía al chovinismo. El predicador de esta idea, Josiah Strong, lo proclamó precisamente en 1885, en los siguientes términos: “…los anglosajones se convertirán en la raza que engendrará rasgos particularmente con el propósito de imponer sus instituciones a toda la humanidad, de extender su dominio a todo el globo terrestre. Si predico con acierto, esta poderosa raza se extenderá a México, a Centro y Suramérica, a las islas del océano, a África y otros lugares…El destino de dicha raza es expulsar a las razas débiles, asimilar a otras y transformar el resto hasta que toda la humanidad sea anglo-sajonizada”. (citado por Valentín Selivanov, artículo “La expansión de Estados Unidos en América Latina, pág. 15 del Libro “Historia de las intervenciones norteamericanas”. Tomo II)

El monroísmo y la concepción del “destino manifiesto” son columnas fundamentales de la política del imperialismo yanqui. Esta es y ha sido siempre una política criminal e inhumana, tanto en el momento de la agresión violenta como en los momentos del sometimiento esclavizador y antipatriótico.

En 1975, 24 partidos comunistas latinoamericanos y caribeños se reunieron en La Habana y emitieron una declaración en que se dice: “Puesto que el imperialismo norteamericano es el enemigo principal y común, la estrategia y la táctica de la revolución en América Latina para aquellos que la concebimos como una revolución cuyo objetivo final es el socialismo, pasan por el antiimperialismo. Los comunistas, por ello juzgamos las posiciones políticas de las otras fuerzas latinoamericanas, fundamentalmente, a partir de su actitud ante ese enemigo. Por ello, sin disminuir la lucha por los derechos democráticos y por la conducta de nuevas estructuras en el interior de nuestros países, los comunistas estamos dispuestos a respaldar e impulsar aquellas posiciones de gobiernos latinoamericanos que signifiquen la defensa de nuestros recursos naturales o el esfuerzo para poner coto a la pretensión de las compañías transnacionales por conservar y extender cada día más el dominio sobre nuestras economías”.

La definición del enemigo principal, el carácter socialista de la revolución y el apoyo a las organizaciones políticas y a los gobiernos progresistas y patrióticos, mantiene su plena vigencia.

La piedra de toque de la definición política es el antimperialismo que, obviamente, puede tener diversas expresiones concretas, según las condiciones históricas de cada sociedad y en cada momento histórico particular.

No hay otro camino político, sea progresista o revolucionario; todo lo demás es traición a los intereses de los pueblos de la América nuestra y de todos los pueblos sometidos o amenazados por los poderes imperiales.

La conclusión de estos apuntes nos permite afirmar que el imperialismo yanqui ha sido el poder más cruel de toda la historia humana.

Sin ninguna justificación desde el punto de vista militar utilizó, por primera y única vez, armas nucleares contra Hiroshima y Nagasaki. La destrucción de estas ciudades y la muerte de sus habitantes es, por sus dimensiones, el mayor crimen masivo de la toda la historia humana.

Imposible olvidar la guerra impuesta a Vietnam y antes al pueblo coreano.

La destrucción de Yugoeslavia, la guerra contra el pueblo iraquí y la criminal desmembración de Libia.

La complicidad con el Reino Unido en la ocupación de las Islas Malvinas que pertenecen al pueblo argentino.

La imposición y el mantenimiento de las criminales dictaduras latinoamericanas y su complicidad consiente y participación en la llamada operación cóndor.

Imposición del neoliberalismo y la creación de organismos internacionales para el sometimiento económico y financiero a los pueblos.

El brutal y demencial bloqueo contra la Cuba Heroica. Es el bloqueo más prolongado y más dañoso de la historia humana.

La política de las llamadas “sanciones” contra los pueblos que luchan por su derecho a ser libres y soberanos. Cada día ha de dolernos más los sacrificios de los pueblos hermanos de Venezuela, Cuba, Nicaragua y otros.  Conforme a las definiciones de la Convención de la Naciones Unidas contra el Genocidio el imperialismo yanqui es la expresión descarada de un Estado genocida.

Amenazas directas contra China y contra Rusia que mantienen al mundo ante el riesgo de guerra que podría acabar con la vida de muchos millones de seres humanos y la total destrucción de la civilización.

El imperialismo exige que se le reconozca como legítimo su poder sobre todas sociedades y todos los valores humanos.

Conforme se ahonda su crisis económica, social y cultural, se hace más brutal y más agresiva la clase dirigente de los Estados Unidos. Reclaman ser reconocida como la sociedad perfecta, la más democrática y la más justa, cuando en realidad son un poder sin límites morales y capaz de convertir en papel mojado las normas del derecho internacional y humanitario.

Y esta falsedad hipócrita es precisamente el fundamento de su concepción del “destino manifiesto”.

En Estados Unidos reina la desigualdad, la opresión de clase, la discriminación social, racial y de género. Obviamente, una sociedad que con estas características es una sociedad absolutamente antidemocrática.

Solo quisiera señalar una observación más. En Estados Unidos existen en la realidad política-electoral  dos partidos que, por sus posiciones políticas esenciales, son un único partido. En estos asuntos importantes para el poder yanqui las decisiones llamadas bipartidistas son en realidad una única organización política la que responde a los intereses de la cúspide del capital financiero, vale decir del imperialismo yanqui.

Ambos partidos son la expresión política de la misma clase dominante: la oligarquía financiera.

En Estados Unidos el poder está concentrado en los grandes bancos, en la industria militar y en los grandes especuladores. Estos son lo que toman las decisiones y tratan siempre de imponerse a todos los pueblos del mundo.

Precisamente lo mismo da Trump que Biden o cualquier otro. El poder está en los que rodean la llamada Casa Blanca, pero no en sus oficinas. El poder real lo ejercen los carteles, los banqueros, los productores de armas y los especuladores.

No tienen importancia—por esa razón—si  el presidente es tan inculto como Trump o tan ignorante como Biden. Pero esos señores—todos de la misma calaña—encabezan las políticas imperiales. Es una realidad tan evidente que sólo puede ser negada por los enfermos de ceguera espiritual o disimulada por los vende patrias.

Repito en la dicotomía política entre el imperialismo y los pueblos no hay lugar para las medias tintas: se practica el antimperialismo sincero, en cualquier tono o manifestación, o se sigue el camino de la traición a los intereses populares. Así es la cosa.

Así ocurría en Nicaragua, como en todos los países dependientes, una lucha entre facciones burguesas subordinadas siempre a la voluntad superior de los yanquis. Así fue hasta la aparición salvadora del General de Hombre Libres, Augusto C. Sandino.

Sandino cambió el rumbo histórico del pueblo nicaragüense. Nació una nueva fuerza política realmente popular y antiimperialista. (Sobre la vida y la obra de Sandino recomiendo la lectura de la obra de Gregorio Seltser, Sandino, general de hombres libres).

El 16 de julio de 1927 se iniciaron las acciones militares de Sandino contra los ocupantes yanquis. La incapacidad de los yanquis para derrotar a los combatientes de Sandino, se convirtió en un brutal ensañamiento contra la población nicaragüense. Las fuerzas sandinistas nunca fueron derrotas por los yanquis.

Sandino fue brutalmente asesinado el 21 de febrero de 1934. El asesino, Anastasio Somoza, para entonces jefe de la Guardia Nacional.

Las luchas de Sandino fructificaron, la herencia la recogió Carlos Fonseca Amador, fundador del Frente Sandinista de Liberación Nacional y sus compañeros en la lucha revolucionaria.

El FSLN venció en una lucha heroica y a partir de ahí le ha tocado defender las conquistas del pueblo nicaragüense.

Somoza y su régimen fueron vencidos, y en el acto regresaron, con especial fiereza los imperialistas yanquis. Impusieron una guerra criminal contra el pueblo, pocas veces o quizás nunca un pueblo de un país pequeño y débil ha tenido que enfrentar una acción armada tan brutal como la agresión yanqui contra el pueblo nica. Entre 1979 y 1990 los sandinistas y todo el pueblo no conocieron un día de paz.

Nicaragua acudió a la Corte Internacional de Justicia y reclamó una indemnización correspondiente a los daños ocasionados por la intervención en los asuntos internos y los daños ocasionados por la agresión de los Estados Unidos. Los Estados Unidos fue condenado a pagar 17.000 millones de dólares al Estado Nicaragüense. Nunca pagó un centavo, si ahora lo hiciera debería reconocer los intereses moratorios por cerca de 35 años de mora. Este cálculo no corresponde a la totalidad de los daños ocasionados. Pero el no pago es un agregado a la brutal agresión a la que el imperialismo yanqui sometió a un pueblo que conquistó su libertad.

En 1990 el Frente Sandinista perdió las elecciones y reconoció la victoria de la señora Violeta Barrios de Chamorro. Luego gobernaron, Arnoldo Alemán Lacayo y Enrique Bolaños. Luego el pueblo de Nicaragua reeligió al comandante Daniel Ortega Saavedra.

Ortega es el dirigente y continuador principal de la transformación sandinista.

Contra Daniel Ortega y su gobierno sandinista el imperialismo ha utilizado los recursos más violentos para derrocarlo, incluyendo el criminal y cruento intento de un golpe de Estado.

Daniel Ortega para su posible elección ha utilizado los recursos legales establecidos por la Constitución Política y las leyes vigentes en su país. Nicaragua gracias a las luchas de los sandinistas es un país independiente y soberano y, como tal, se ha dado sus propias leyes. Sus legisladores no están, obviamente, obligados a responder ante nadie que no sea su propio pueblo y su conciencia.

El imperio se arroga la facultad de decidir cuáles leyes son las que rigen en un país independiente y cuándo y cómo deben aplicarse.

En Nicaragua existe un código penal vigente y serán los jueces los que decidan en cuanto a la responsabilidad de cada uno de los implicados en actos considerados delictivos. Esa facultad no puede ser delegada a nadie y mucho menos al extranjero, por lo cual los entrometidos yanquis no tienen ningún derecho a “decidir” sobre lo que no han resuelto los jueces naturales.

También contra el comandante Ortega se ha montado una gigantesca campaña que no es de proselitismo político, más bien de odio. Sobre estos ataques decidirán los nicaragüenses con sus votos. Y ya verán decidirán como corresponde al patriotismo y la independencia ganada gracias a las luchas que encabezaron Augusto C. Sandino y Carlos Fonseca Amador.

Nos parece que es el momento de permitir que el Consejo Electoral de Nicaragua ejerza sus funciones y que el pueblo nica decida el resultado de las elecciones. Todo lo demás es palabrería hueca.