Por Stephen Sefton
La inseguridad a nivel internacional, provocada por las síntomas de la agonía del imperio norteamericano, resalta el imperativo para los pueblos de América Latina y el Caribe de defender la soberanía nacional y regional de sus países. A propósito, en estos días el Presidente Xi Jinping ha insistido que “La soberanía sirve como base para que todos los países, especialmente los países en desarrollo, sobrevivan y prosperen, y no debe ser violada.” Sin embargo, los diferentes gobiernos de la región se ven obligados a asimilar, de una u otra manera, una realidad regional en que el imperio forajido ha abandonado el derecho internacional y aumenta su injerencia en los asuntos internos de nuestros países con el objetivo principal de restringir la influencia política y económica de la República Popular China.
Como respuesta, las oligarquías reaccionarias en poder en la región priorizan políticas anti-democráticas para satisfacer la codicia e intimidación imperial, a la vez que desarrollan relaciones económicas y financieras con la República Popular China. Por su parte, los gobiernos progresistas y revolucionarios latinoamericanos y caribeños enfocan con firmeza en el desarrollo humano, la reducción de la pobreza, un manejo digno de sus relaciones internacionales y un compromiso con el diálogo y la paz para resolver diferencias. Así, los gobiernos de la región adaptan su gestión de la soberanía nacional según el contexto regional e internacional.
De hecho, una defensa firme de la soberanía nacional protege a los países frente a intereses extranjeros depredadores que buscan imponer su poder en detrimento de la población. La práctica de una verdadera soberanía requiere un proyecto nacional sólido, basado en planificación realista, que priorice las necesidades y aspiraciones del pueblo para lograr un desarrollo humano justo, equitativo e inclusivo. Asimismo, una soberanía auténtica permite la diversificación de relaciones internacionales, promoviendo el intercambio tecnológico, económico y cultural basado en el respeto y la reciprocidad.
NICARAGUA SOBERANA
Desde el triunfo del 19 de julio de 1979, la Revolución Popular Sandinista en Nicaragua ha sido referente en la defensa de la soberanía nacional. La intervención norteamericana en los años 80 buscó frenar la autodeterminación nacional en la región, como en los casos de Cuba y Granada en 1983. Sin embargo, la victoria jurídica de Nicaragua en 1986 ante la Corte Internacional de Justicia reafirmó el principio de soberanía frente a la agresión imperialista.
Una faceta clave ha sido la integración del territorio nacional y su incorporación al desarrollo humano. Desde 2007, el liderazgo del Comandante Daniel y la Compañera Rosario ha impulsado un modelo de autonomía que permitió la integración de la Costa Caribe y la recuperación del territorio marítimo tras el fallo de la Corte Internacional de Justicia en 2012. Asimismo, se destaca la recuperación de zonas rurales, históricamente aisladas, mediante el acceso a agua potable, energía eléctrica, salud y educación.
Otro aspecto fundamental de la soberanía nacional es la soberanía fiscal y financiera.
También en esta segunda fase de la Revolución Popular Sandinista se han consolidado la seguridad soberana, la soberanía política, la soberanía en la educación y la ciencia y, de manera destacada, la soberanía de identidad y cultura nacional, especialmente en torno a las luchas de los pueblos originarios y figuras como Rubén Darío y el General Augusto C. Sandino. El compañero Fidel Moreno ha señalado que la defensa de la soberanía se sintetiza en el legado de Sandino, como símbolo de orgullo nacional, independencia, nacionalismo y la prioridad de los intereses del pueblo, destacando el amor a la patria.
- Te sugerimos: La Paz la defendemos con Alegría
Todos los elementos de la soberanía nacional contribuyen a una mayor apertura en las relaciones internacionales, basada en la confianza, la identidad, la integridad y la independencia nacional. Esta base permite asimilar nuevas influencias para fortalecer el desarrollo humano y la reducción de la pobreza. Las relaciones con la Federación Rusia han abierto oportunidades en medicina nuclear, además de fortalecer la seguridad soberana frente al crimen organizado y el narcotráfico. Asimismo, han contribuido a la seguridad alimentaria con envíos de trigo y al fortalecimiento del transporte público con autobuses.
De igual manera, los vínculos con la República Popular China han impulsado la infraestructura física y la transformación del transporte público, así como proyectos estratégicos como el nuevo aeropuerto internacional, que fortalecerá la soberanía logística y el potencial económico del país. Estos avances forman parte del cumplimiento del programa histórico del Frente Sandinista de Liberación Nacional, honrando a los mártires de la patria y su legado.
La Copresidenta Compañera Rosario ha destacado que se viven tiempos de soberanía, dignidad, decoro nacional y honor, mientras que el Copresidente Comandante Daniel ha reafirmado que defender la soberanía es clave para alcanzar la paz, el progreso y el bienestar de los pueblos.
Esta entrada fue modificada por última vez el 19 de abril de 2026 a las 3:46 PM