“Poder decir adiós es crecer” (A un año del ascenso de Cerati)

“Dulce, tan dulce”; es todavía escucharlo, abriendo los ojos de repente y dándonos cuenta de que ya no está. Se fue hace un año pero lo tendremos para siempre; aunque la tristeza sea demasiado profunda.

A Gustavo no se le recuerda con una sonrisa en el rostro, no lo hago yo y estoy seguro de que no lo hacen mucho. Recordar a Gustavo desata las ganas de llorar. Porque es uno de esos que nos hicieron creer que en la música sí existen los héroes.

“De chico le atraían los ovnis, le gustaba dibujar, dibujaba sus propios cómics y superhéroes, creaba su propia mitología”; dijo el periodista Juan Morris, que recuperó en una biografía los últimos momentos de la estrella del rock latinoamericano antes del accidente cerebrovascular que lo dejó en coma en 2010.

Durante 4 años nuestra fe siguió viva, de alguna manera pensábamos que Gustavo podía sobrevivir, tomando la premisa que cantaba en “En la ciudad de la furia”; cuando decía: “Me verás volver”; pero nunca lo hizo.

Se despidió el 4 de septiembre de 2014 sin dar un último concierto. Yo estaba trabajando, haciendo entrevistas como siempre, cuando Grethel De La Llana, compañera de trabajo, me llamó para decirme que me tenía una mala noticia. Yo de inmediato pensé en mi familia y me sentí ansioso, luego me dijo que se trataba de otra cosa y entonces lo supe. Gustavo había fallecido.

No puedo explicar lo que sentí; y sé que le pasó a millones que lo seguían, que lo admiraban, que lo amaban.

UN SUAVE LÁTIGO.

Esa premonición fue más que humo en mis pulmones;

y en la espera de un hálito de esperanza

ya no tenés lugar. 

Podemos esfumarnos,

Héroe latinoamericano,

no podemos hacer más,

porque hasta escucharte mientras dormís nos causa dolor.

Somos tus huérfanos,

los herederos de tanta tristeza,

los impactados por ese suave látigo

que nos sigue arrancando la piel.

ERJ

(04-09-15)

El 15 de mayo de 2010, tras el último concierto de la Gira “Fuerza Natural” en Caracas, los miembros de Soda Stereo percibieron que el líder del grupo no se encontraba bien. Ahí comenzó el derrumbe de tanta genialidad, de tanto amor, y nuestro corazón sintió cómo una estampida de elefantes le pasaba encima, sin dejar un par de latidos para nuestras últimas palabras.

Yo no lo vi nunca, no tuve la oportunidad de corearlo en alguno de sus conciertos, ni siquiera me acerqué a un millón de años luz de donde estaba, pero siento que una gran parte de mi vida se fue con él.

Tuvo la capacidad de mover masas y de inspirar a muchas otras bandas que hoy mantienen vivo el rock; sofisticado el argentino en cada partitura, virtuoso de la guitarra, lírico y líder, ícono latinoamericano que sigue llenándonos de respeto por las melodías.

Cuando Charly García llegó a la Legislatura porteña para darle el último adiós dijo lo siguiente: “Me preguntaron hace un rato ¿cómo definiría a Gustavo? Y… como un arquitecto. Y me puso muy contento el reconocimiento a esa arquitectura y de las diferentes facetas que él manejaba. A mí al principio no me gustaba su estética pero reconocí después la arquitectura de la inteligencia de él”.

Y también se pronunció el baterista de Soda Stereo, Charly Alberti: «Se fue una de las personas con mas luz que conocí y estoy absolutamente agradecido a la vida por haberme cruzado con él y haber hecho lo que hicimos entre los tres, que fue algo magnífico, cada uno aportando lo que tenía».

A nosotros nos dejó tanto y a la vez se lo llevó todo. Siempre tendremos sus “11 Episodios Sinfónicos”; pero para muchos seguirán siendo eternas llamaradas de impotencia y nostalgia que no se curarán con nada.

¡Hasta siempre, Gustavo!

Erick Ruiz José

Periodista TN8