Por Moisés Absalón Pastora
Las revoluciones generalmente son violentas en la búsqueda de transformar el poder político y la sociedad de raíz. Las revoluciones entonces generan choques profundos porque de por medio hay intereses de dominio que se han sostenido por tiempos tan prolongados y arraigados que crearon sistemas concebidos para ser eternos en el tiempo y en consecuencia no ceden sus privilegios de forma pacífica.
Por supuesto que en sistemas de gobierno que hacen de su sistema político un mecanismo de dominación, explotación y represión lo que hacen es crear condiciones de rechazo cuando las vías cívicas a través de las protestas se cierran a los pueblos que identifican en los mandamases a dictadores que se hacen rodear de élites privilegiadas que son la base de una enfermedad cancerígena a la que hay que extirpar por la vía armada como única vía posible.
Las revoluciones surgen en consecuencia por el irreconciliable enfrentamiento con el gobierno y con el tipo de sociedad concebida desde la desigualdad social, donde únicamente pocos tienen mucho y la inmensa mayoría sufre grandes precariedades, como la falta de trabajo, la falta de alimento, los altos impuestos, la ausencia de educación y salud, la falta de libertades, el derecho a elegir, la libertad de expresión, de pensamiento y movilización, además de la represión, la cárcel o el asesinato para mantener el poder.
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Todos estos factores son los que crean condiciones políticas y sociales que propician un cambio radical para acabar con la desigualdad social, donde los ricos son más ricos y los pobres son más pobres por la existencia de leyes que obligan a las personas a obedecer sin conferirles derechos. Fue así como hace 47 años, el dictador Anastasio Somoza Debayle, el último de la dinastía Somoza, huyó de Nicaragua vencido por el pueblo que tuvo por vanguardia al Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN).
La Revolución Nicaragüense de 1979 fue indudablemente violenta. Tiene su origen en 1961 con la fundación del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), inspirado en la gesta nacionalista y antiimperialista de Augusto C. Sandino para derrocar a la dictadura de la familia Somoza, que controló el país durante 43 años mediante la Guardia Nacional.
Los Somoza tomaron el poder con Anastasio Somoza García en 1936. Desde entonces, el régimen violó los derechos humanos, robó los recursos del país y estuvo marcado por la ocupación de Estados Unidos entre 1927 y 1933, hechos que inspiraron a quienes retomaron el ideario de Benjamín Zeledón y Augusto C. Sandino para impulsar la Revolución, que este 19 de julio arriba a sus 47 años.
Nuestra Revolución fue violenta. Hubo una guerra insurreccional de todo un pueblo contra la dictadura, que durante 20 años avanzó desde la montaña y la clandestinidad hasta llegar a los barrios, municipios y cabeceras departamentales, para transformar la historia y vivir hoy en la PAZ que ha transformado la vida de todos.
47 años después de la Revolución del 19 de julio de 1979, diversos medios internacionales y revistas especializadas destacan los modelos implementados en Nicaragua, reconociendo avances en equidad de género, el sistema de salud gratuito, las mejores carreteras de Centroamérica, la transformación de la matriz energética, una cobertura eléctrica del 99.6%, modernas instalaciones deportivas, la producción agropecuaria, la carne de exportación, así como los niveles de PAZ, orden y seguridad.
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¿De qué nos preciamos los nicaragüenses por nuestra Revolución? Fundamentalmente de conocer nuestra historia, porque ahí está la clave de la República que tenemos hoy.
Aquel pensamiento de que «el pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla» resume la importancia de la memoria histórica, ya que los seres humanos solemos repetir los mismos errores sin aprender de ellos.
La historia de los pueblos y de la humanidad puede entenderse como una constante repetición de errores. A pesar de conocer las consecuencias de las guerras, muchas veces se vuelven a repetir, demostrando la dificultad de aprender de la experiencia.
La actual crisis económica mundial recuerda episodios como la Gran Depresión de 1930, la crisis financiera de 2009, así como los conflictos entre la llamada democracia occidental y Rusia, Israel y Palestina, y las tensiones con Taiwán y el Tigre asiático, que podrían derivar en otro colapso económico mundial.
En Europa, figuras como Alejandro Magno, el Imperio Romano, Napoleón Bonaparte y Adolf Hitler intentaron dominar otras naciones mediante la guerra, sin lograr consolidar sus objetivos.
La falta de memoria histórica es presentada como la raíz de la ignorancia, entendida como la carencia de conocimientos e información. Los nicaragüenses, afirma el texto, conocen las consecuencias de la guerra y el valor de la PAZ.
«Daría la mitad de mi fortuna por un minuto de PAZ«, recuerda el autor, destacando que sin PAZ no puede existir la verdadera felicidad, y que el pueblo de Nicaragua comprende su valor tras haber vivido la guerra.
Los hedonistas consideran la PAZ como un estado asociado al bienestar y la seguridad, mientras que para los cristianos la PAZ es un don, un regalo de Jesús, fundamentado en la fe, el perdón, la confianza y la reconciliación.
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La PAZ que da Jesús está unida a la fe, la aceptación, el perdón y la reconciliación. El texto señala que desde 2007, Nicaragua ha buscado una reconciliación basada en la PAZ, pese a quienes mantienen el odio y el conflicto.
Nicaragua vive hoy, según el texto, con PAZ, salud, educación, caminos, carreteras, apoyo para emprender, energía eléctrica, agua, universidades, carreras técnicas, solidaridad, programas sociales, seguridad y orden.
Todo esto, afirma el autor, es recordado constantemente por los copresidentes, quienes destacan el crecimiento de Nicaragua y la necesidad permanente de proteger la PAZ.
La PAZ se cuida siendo vigilantes, recordando lo ocurrido en 2018, cuando el país enfrentó hechos de violencia que dejaron muerte, espanto, quiebra económica y división entre las familias.
Aquellos acontecimientos son recordados como una advertencia para no repetirlos, debido al impacto que tuvieron sobre la economía, la sociedad y la convivencia de los nicaragüenses.
La PAZ, concluye el texto, no tiene precio. Es más valiosa que todo el oro y los diamantes del mundo. Los nicaragüenses, afirma el autor, lucharon por ella, la conquistaron y continuarán defendiéndola.
QUE DIOS BENDIGA A NICARAGUA
Esta entrada fue modificada por última vez el 17 de julio de 2026 a las 4:27 PM