Por Stalin Vladimir Centeno
Cuando Juan Bautista Sacasa asumió la Presidencia de Nicaragua el 1 de enero de 1933, el país se encontraba ante uno de los momentos más delicados y decisivos de su historia. Ese mismo día concluía formalmente la larga ocupación militar estadounidense iniciada dos décadas antes y comenzaba una etapa con el desafío de reconstruir la institucionalidad, restablecer la autoridad del Estado y cerrar definitivamente el conflicto armado que había acompañado los últimos años de la intervención extranjera.
Al frente de aquel complejo escenario se encontraba Juan Bautista Sacasa, médico de profesión y dirigente histórico del Partido Liberal, quien llegaba al poder después de una compleja trayectoria política que incluyó el exilio y la disputa presidencial de 1926, episodio que terminó derivando en una nueva intervención militar estadounidense y en el estallido de la Guerra Constitucionalista. Formado académicamente en Estados Unidos, pero convertido con los años en una figura protagónica de la política nicaragüense, encontró un país profundamente dividido y con centros de poder que escapaban al control tradicional del Ejecutivo.
Por un lado se encontraba el general Augusto César Sandino y el Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua, movimiento armado que había sostenido durante casi seis años un enfrentamiento militar contra las fuerzas imperialistas y que había prometido deponer las armas una vez que los marines abandonaran territorio nicaragüense. Por otro lado permanecía la Guardia Nacional, brazo armado creado y organizado por Estados Unidos durante la intervención y destinado a convertirse en la principal fuerza militar del país tras la retirada de las tropas extranjeras.
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La retirada de los marines y la llegada de un nuevo gobierno abrieron la posibilidad de poner fin a varios años de enfrentamientos en las montañas del norte del país.
En ese contexto, el 2 de febrero de 1933 comenzaron en Managua las conversaciones entre el gobierno y Sandino, con la participación del ministro y escritor Sofonías Salvatierra como mediador. Las negociaciones desembocaron en la firma de un convenio destinado a poner fin a las hostilidades, facilitar la reincorporación de los combatientes a la vida productiva y garantizar la seguridad de quienes durante años habían integrado las columnas del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional.
Como parte de esos acuerdos, numerosos integrantes del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua se establecieron junto a sus familias en cooperativas agrícolas ubicadas principalmente en la ribera del río Coco y en la región de Wiwilí. Durante los meses siguientes, el líder segoviano realizó varios viajes a Managua para reunirse con el presidente Sacasa, discutir el cumplimiento de los compromisos adquiridos y presentar denuncias relacionadas con incidentes registrados entre miembros de la Guardia Nacional y antiguos integrantes de sus fuerzas.
Mientras Sacasa intentaba consolidar los acuerdos de paz y preservar el delicado equilibrio surgido tras la retirada de los marines estadounidenses, otra figura comenzaba a ganar influencia dentro del nuevo esquema de poder. El 14 de noviembre de 1932, semanas antes de la toma de posesión presidencial, Anastasio Somoza García había sido designado jefe director auxiliar de la Guardia Nacional. Tras la salida definitiva de las tropas norteamericanas, asumió la conducción de la estructura militar heredada de la intervención estadounidense, convirtiéndose progresivamente en uno de los actores con mayor capacidad de influencia dentro del país.
La relación entre Juan Bautista Sacasa y Anastasio Somoza García tenía además una dimensión política y familiar poco común. Somoza era sobrino político de Sacasa, circunstancia que inicialmente contribuyó a mantener una relación de confianza entre el presidente de la República y el futuro jefe de la Guardia Nacional. Sin embargo, conforme avanzaban los acontecimientos de 1933 y se profundizaban las diferencias alrededor del cumplimiento de los acuerdos de paz y del papel de la Guardia Nacional, comenzaron a aparecer tensiones que con el tiempo se volverían irreversibles.
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La noche del 21 de febrero de 1934 marcó el punto de ruptura de aquel frágil equilibrio que Bautista Sacasa había intentado preservar entre el proceso de paz impulsado junto a Sandino y el creciente poder acumulado por Anastasio Somoza al frente de la Guardia Nacional. Después de participar en reuniones en Managua relacionadas con la situación del norte del país y el desarrollo de los acuerdos suscritos un año antes, Sandino abandonó la Casa Presidencial acompañado de los generales Francisco Estrada y Juan Pablo Umanzor. Poco después fueron detenidos por efectivos de la Guardia Nacional bajo el mando de Somoza y posteriormente asesinados, en uno de los acontecimientos más trascendentales y debatidos de la historia política nicaragüense, cuyas consecuencias alterarían de manera definitiva la correlación de fuerzas existente desde la retirada de los marines estadounidenses.
La posteridad terminó situando a Sacasa en una posición tan incómoda como compleja. Para algunos investigadores, el presidente desconocía los planes que se gestaban dentro de la Guardia Nacional y terminó enfrentando las consecuencias del fortalecimiento de una estructura militar que escapaba cada vez más al control del Poder Ejecutivo. Otros sostienen que, aun sin haber participado directamente en la conspiración, el mandatario cargó inevitablemente con responsabilidades políticas e institucionales, ya que Sandino había llegado a Managua bajo garantías del propio gobierno y fue detenido por efectivos de la Guardia Nacional al momento de abandonar la Casa Presidencial.
Más de nueve décadas después, el debate histórico alrededor del papel desempeñado por Juan Bautista Sacasa aquella noche continúa vigente entre quienes lo consideran un presidente incapaz de impedir aquellos hechos y quienes sostienen que la responsabilidad de proteger al hombre que había apostado por la paz recaía, en última instancia, sobre el jefe del Estado durante uno de los episodios más trascendentales del siglo XX nicaragüense.
Esta entrada fue modificada por última vez el 13 de julio de 2026 a las 2:12 PM