La herencia de William Díaz es la libertad

William Díaz, su legado de libertad y amor familiar

Familias del distrito II de Managua recordaron este jueves al héroe y mártir nacional, William Díaz Romero, a 40 años de su paso a la inmortalidad.

 La herencia de William Díaz es la libertad

Un chavalo soñador, con carácter firme, pero sobre todo, un gran defensor de los derechos del pueblo, así es recordado el joven William Díaz Romero, quien fue asesinado por la guardia somocista, hace 40 años.

La valentía de William es recordada por familias del barrio que lleva su nombre, donde se le recuerda y se le rinde homenaje por su aporte a la lucha del pueblo de Nicaragua, por la cual defendió con su vida faltando tan solo 22 días para el triunfo de le Revolución. Hoy, su entrega se refleja en las acciones y programas sociales que desarrolla el gobierno sandinista para el bienestar, tranquilidad y seguridad de los nicaragüenses.

William Díaz Romero, era un muchacho de 23 años de edad, universitario y militante del Frente Sandinista, parte de esa generación de jóvenes que asumieron la responsabilidad histórica de liberar a Nicaragua de la dictadura somocista.

Su herencia es la libertad

Díaz cursaba el tercer año de la carrera de medicina y fue ahí donde se involucró aún más a la lucha por la liberación del pueblo.

“Como familia seguimos comprometidos al igual que William con el Frente Sandinista, sabiendo que la única esperanza que el pueblo ha tenido ha sido la Revolución Sandinista, la que sin duda le ha permitido al pueblo ver cada una de las transformaciones sociales. El enemigo de ayer es el mismo de hoy, pero sabemos que a lo largo de los años hemos estado al lado correcto de la historia, porque hoy nuestros niños van a la escuela de forma gratuita, nuestro país ha progresado y eso es lo que anheló mi hermano y los miles de compañeros caídos”, expresó Mirna Díaz Romero, hermana de William Díaz.

El sandinismo histórico recuerda el legado de William como un símbolo de dignidad, “nosotros los combatientes históricos lo recordamos con amor y nos llena de gozo ver como los sueños de nuestros hermanos caídos hoy son una realidad; sobre todo ver a nuestro país en paz, esa paz que tanto anhelamos en nuestros años de juventud y que se nos fue arrebatada por Somoza, pero gracias a la lucha popular logramos conquistar la paz en 1979”, señaló Luis Cortéz, militante histórico.

Legado de amor a su familia

Díaz era un joven que adoraba a su mamá, a quien cariñosamente le decía “mi negra”. Así nos cuenta Melissa Solís, una de las sobrinas que no llegó a conocer, pero que ahora nos relata cómo era William con su familia, pues desde pequeña se interesó por las historias de vida de su tío.

“El legado de mi tío, más allá de su heroísmo, es el amor a su familia”, expresa, mientras nos relata cómo William “amaba el fútbol y siempre estaba dispuesto a una perrera”.  También nos cuenta que su tío sabía dibujar y le hacía los trabajos de primaria a su hermanita menor.

Solís, recuerda como escuchaba a su “abue” quien le relataba como su tío fue secuestrado por la guardia somocista un 23 de junio, el propio día del padre. “Mi abuela había sido operada por glaucoma, y tenía que guardar reposo. En eso se llevan a mi tío y de la impresión de perder a su hijo, hizo que dejara el reposo y saliera a buscarlo. Mi abue lo tuvo a los 16 años, entonces más que madre e hijo, era su compañero”, enfatizó.

Lo que nadie sabe

“Lo que nadie sabe, es que mi abuelo le pagó a un guardia 5 mil dólares (para recuperar a William) y le dijeron: deja la puerta abierta mañana a media noche, un camión lo va a dejar y el que entre a la casa. Mi abuelo que era prestamista los tenía y se los dio. 3 noches dejaron la puerta abierta en mera ley marcial y jamás llegó”, relató.

Así mismo, nos dijo que William ayudaba a su mamá y a su papá en un cafetín afuera del estadio de béisbol Denis Martínez. “Mi mamá veía la caja, mi tía y tío despachaban y mi abuelo servía las cervezas, porque no dejaba que los hijos tocaran alcohol”. El padre del héroe y mártir era carpintero, “él y su hermano hicieron el ataúd de mi tío William, lo más irónico decía mi abuelo”, finalizó.

“Murieron sin saber si vencimos, pero teniendo la certeza de que venceríamos”, es uno de los tantos versos escritos a nuestros héroes y mártires, que nos comprometen a mantener vivo su legado de paz y libertad.

“Nunca contestó nadie porque los héroes no dijeron que morían por la patria, sino que murieron”. A 40 años de su paso a la inmortalidad, el legado de William Díaz se refleja en los rostros de cada nicaragüense que vive en paz, la paz que nuestros héroes y mártires sembraron con vida, para cosechar con libertad.

Jorge Rojas – Multinoticias

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