Lecciones iraníes

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Por: Fabrizio Casari

IRAN / Suponiendo que el acuerdo alcanzado entre Estados Unidos e Irán obtenga finalmente su aprobación formal y que no se trate del trigésimo noveno anuncio seguido de avances y retrocesos, la cuestión, tras más de 100 días de guerra que han cambiado el panorama político y militar del Golfo Pérsico y de Oriente Medio, es determinar quién sale derrotado y quién victorioso. El balance de la victoria indica que Irán emerge fortalecido en el plano estratégico, habiendo mantenido intactos su territorio, su sistema político y su estructura constitucional, que eran los objetivos de la agresión israelí-estadounidense.

A nivel regional, las consecuencias son evidentes. Ha desaparecido la idea de intercambio entre petróleo, dólares y seguridad sobre el cual las petro-monarquías y Estados Unidos sostuvieron décadas de alianza. Los duros golpes sufridos por estas a manos de Irán y la incapacidad demostrada por Estados Unidos para defenderlas, empujan hoy a Arabia Saudita y a los Emiratos Árabes Unidos a buscar un entendimiento directo con Teherán y a abandonar la protección estadounidense que, lejos de protegerlos, los ha convertido en un objetivo.

Esto redibujará un cambio global en la estrategia estadounidense para una región que sigue siendo decisiva para una economía internacional que aún obtiene la mayor parte de su energía de los combustibles fósiles y cuyos fondos soberanos representan una fuente fundamental de financiación para la deuda estadounidense.

LOS COSTES

Según la economista de Harvard Linda Bilmes, el coste final total podría superar el billón de dólares si se tienen en cuenta la asistencia a los veteranos, los intereses de la deuda y otros gastos a largo plazo. Todo ello gastado en una aventura perdedora desde todos los puntos de vista, que ciertamente no ha contribuido a mejorar la ya frágil salud económica de Estados Unidos.

La Estructura Militar EstadoUnidense

Existe una cuestión militar seria para Washington, cuya principal fuerza reside en sus flotas navales. Precisamente Irán, al atacar dos portaaviones y obligar a sus respectivas flotas de apoyo a retirarse, ha demostrado que en las guerras hibridas de cuarta y quinta generación, los portaaviones pueden convertirse más en un problema que en un recurso decisivo. Esto obliga a Estados Unidos a revisar profundamente su estructura militar estratégica.

El fin del mito de Israel

Otro aspecto es la demostración de la impotencia militar israelí. Su red defensiva, considerada por la narrativa occidental como impenetrable, ha demostrado ser vulnerable. Asimismo, su incapacidad para imponerse a Hezbolá en Líbano y a los hutíesen Yemen confirma que las Fuerzas de Defensa de Israel son muy eficaces cuando ejercen guerra y destrucción sobre civiles indefensos, como en Gaza; pero la situación es muy distinta cuando se enfrentan a ejércitos o movimientos armados organizados. Por lo tanto, su proyecto colonial choca con la incapacidad de sostenerlo en el plano militar.

El acuerdo alcanzado

En cuanto al contenido del acuerdo entre Estados Unidos e Irán, existen cuatro grandes temas que muestran la derrota de Trump: el Estrecho de Ormuz, la cuestión nuclear, los activos iraníes congelados en el extranjero y el enfrentamiento entre Hezbolá e Israel en Líbano.

Ormuz

El Estrecho de Ormuz es el corazón del acuerdo. Antes del 28 de febrero, cuando estalló la guerra, estaba abierto a la navegación de todos. Teherán nunca había impuesto bloqueos ni amenazado con peajes, aunque siempre advirtió que su control le permitiría utilizarlo como arma estratégica en caso de agresión.

En esa porción de mar, por donde transita el 20 % del petróleo mundial, se juega una parte sustancial del acuerdo. Es realista prever que se llegará a un compromiso, quizás con la participación de los países de la región, pero resulta difícil imaginar que la situación vuelva a ser la misma que el 27 de febrero.

Según las fuentes, el memorando de entendimiento prevé teóricamente la reapertura inmediata sin peajes y el levantamiento del bloqueo estadounidense sobre los puertos iraníes. Sin embargo, el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, ha descrito una situación diferente. Reiteró que la República Islámica desea establecer una tarifa de servicio para los barcos que atraviesen el estrecho, precisando que, aunque «no sea posible imponer un peaje por el simple tránsito a través de Ormuz», Teherán mantendrá el control de la vía marítima y aplicará una tarifa por los «servicios prestados».

Es difícil no reconocer cierta lógica en esta posición, dado que muchos otros canales, desde Suez hasta Panamá, exigen peajes a quienes los utilizan. Por ello, no se entiende por qué no sería legítimo hacerlo en Ormuz.

La cuestión nuclear

El memorando de entendimiento se limitará a mencionar la cuestión nuclear, dejando el debate para una negociación que debería comenzar durante los siguientes 60 días. Según filtraciones procedentes de fuentes estadounidenses, los 450 kilogramos de uranio enriquecido al 60 %, un nivel cercano al necesario para fabricar una bomba, deberían ser destruidos, retirados o diluidos. Otra posibilidad es exportar el material radiactivo a un tercer país.

Además, los iraníes renunciarían a continuar un programa nuclear con fines militares. Sin embargo, todavía no está claro si esta renuncia sería indefinida o, como parece más probable, limitada a un determinado número de años.

Por tanto, las negociaciones podrían retomarse a partir de las propuestas de moratoria ya existentes. Estados Unidos exige una suspensión de al menos veinte años; Irán estaría dispuesto a aceptar una pausa de cinco años. El acuerdo debería vincular la entrega a Teherán de los fondos congelados con el cumplimiento efectivo de las restricciones nucleares.

No obstante, hay que prestar atención a los detalles y al contexto general: Irán podría conservar 8.000 kilogramos de uranio, gran parte de ellos enriquecidos al 20 %.

Para Irán, la renuncia de principio al armamento nuclear, establecida hasta febrero pasado mediante una fatua de Ali Jamenei, se ha convertido ahora en una cuestión abierta a raíz de la agresión sufrida. No se puede descartar que Teherán revise esta posición y considere que únicamente la posesión de una capacidad de disuasión nuclear pueda garantizarles protección frente a futuros ataques.

El ejemplo de Corea del Norte resulta ilustrativo: convertirse en una potencia nuclear hizo cesar inmediatamente las hostilidades y amenazas procedentes de Seúl, Tokio y Washington, permitiendo a Pyongyang concentrarse en la recuperación económica y reducir significativamente sus costes de defensa.

Para Trump y Netanyahu, este sería el peor resultado posible. Lo que inicialmente fue presentado como una alarma para golpear a Irán económica, diplomática y políticamente, con el objetivo de crear las condiciones para un ataque más profundo, terminaría convirtiéndose en la imposibilidad de repetir esa estrategia.

La posesión de armas nucleares por parte de Teherán modificaría por completo los equilibrios políticos y militares de la región y de todo Oriente Medio. La ya demostrada disposición iraní a proteger a sus aliados, desde Palestina hasta Líbano, desde Yemen hasta Irak, reforzaría la presencia del llamado Eje de la Resistencia, precisamente uno de los objetivos que Tel Aviv pretendía debilitar mediante el genocidio de los palestinos y los ataques contra otras seis naciones.

Los bienes iraníes incautados

En este punto, Irán pretende cobrar una importante compensación, obteniendo uno de los aspectos más ventajosos y llamativos del memorando de entendimiento.

Teherán solicita y podría obtener de inmediato alrededor de 12.000 millones de dólares congelados en el extranjero, como una especie de indemnización por los daños sufridos durante la guerra. Otros 12.000 millones serían entregados posteriormente, a medida que se cumplan los objetivos establecidos por el acuerdo.

En total, 24.000 millones de dólares, una cifra muy superior a los 1.700 millones desbloqueados por Barack Obama entre 2015 y 2016, que en su momento provocaron la furia de Donald Trump. Un auténtico efecto boomerang para la Casa Blanca.

La incógnita israelí

No está claro qué hará Israel. Si Teherán consiguiera que la Casa Blanca incluyera en el acuerdo un alto el fuego con Hezbolá, Netanyahu tendría que detener el avance en el sur del Líbano y más allá. Sin embargo, no parece dispuesto a ordenar una retirada completa.

Tel Aviv espera reducir nuevamente la disputa armada con Hezbolá a un ámbito local, tratando de escapar de la atención internacional. Los sectores anti-Hezbolá dentro de las autoridades de Beirut repiten que no desean interferencias extranjeras – en referencia a Teherán – pero tampoco la permanencia de tropas israelíes. Las negociaciones serán largas. Sin embargo, la cuenta atrás para Netanyahu ya ha comenzado.

Mientras tanto, emerge el fortalecimiento internacional de Irán, consecuencia de su capacidad de resistencia frente a dos de las cuatro mayores potencias militares de Occidente y luego de 45 años de sanciones. Hoy goza de una consideración internacional sin precedentes.

En el plano político y militar ha obtenido una victoria plena y resulta difícil imaginar un nuevo ataque contra el país; ciertamente no por parte de Israel, que ni siquiera con ayuda estadounidense logró derrotarlo, mucho menos podría hacerlo solo.

El veredicto parece claro. Irán será un actor decisivo en la partida geopolítica de la región y en la reorganización militar que afecta a todo el escenario internacional. El «Gran Satán» ya no inspira miedo.

Esta entrada fue modificada por última vez el 14 de junio de 2026 a las 5:14 PM